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sábado, 8 de agosto de 2020

Las sociedades científicas piden mejorar el algoritmo del semáforo nutricional 'NutriScore' antes de implantarlo en España

Endocrinología
lauraibanes
Dom, 09/08/2020 - 07:00
Salud pública
Mujer haciendo la compra
Una compradora lee detenidamente la etiqueta de un producto en el supermercado.

Rondaba el otoño de 2018 cuando Coca-Cola , Mondelz, Nestlé, PepsiCo y Unilever se unieron para presentar el llamado Etiquetado Nutricional Evolucionado, un sistema de semáforo nutricional de tres colores diseñado por las propias compañías de alimentación que aspiraba a ponerse en marcha en una veintena de países.

Como respuesta a esta idea que dejaba en manos de la propia industria la evaluación de los productos, la entonces ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, anunció en noviembre de 2018 que España adoptaría el sistema de semáforo NutriScore en el etiquetado frontal de los alimentos, una suerte de semáforo que informaría de forma gráfica y sencilla a la población sobre la calidad nutricional de los productos para ayudar a combatir así la otra epidemia que acecha al mundo, la de obesidad, que en el caso de España afecta al 23% de la población.

El sistema NutriScore, en teoría independiente de la industria de la alimentación, llevaba por aquel entonces apenas unos meses en marcha en Francia, se extendió a Bélgica en 2019 y se ha anunciado también su adopción en este 2020 por parte Alemania, pero no se ha conseguido un acuerdo europeo para su adopción conjunta en tanto algunos países como Italia o Portugal ya han anunciado su rechazo. 

Consulta pública en España y desacuerdo en la Unión Europea

Casi dos años después de aquel anuncio de Carcedo, el NutriScore con todavía sin adoptarse en España, pero el segregado Ministerio de Consumo ha lanzado este verano una consulta pública para pedir opiniones para su implantación con carácter voluntario, y no obligatorio como inicialmente se barajó en Sanidad.

Las sociedades científicas han recibido con buenos ojos la idea de esa implantación de NutriScore, pero en las alegaciones que han enviado ya a  Consumo han advertido ya que será necesario revisar el algoritmo con el que se clasifican los alimentos para evitar algunas incongruencias y adaptarlo a algunas particularidades de España.

La ex ministra María Luisa Carcedo anunció hace dos años la implantación en España de NutriScore.
La ex ministra María Luisa Carcedo anunció hace dos años la implantación en España de NutriScore.

“Productos muy saludables como el aceite de oliva salen mal parados y hay otros menos saludables que obtienen un buen resultado, como los refrescos con edulcorantes o los yogures azucarados”, explica Miguel Ángel Royo, presidente de la Asociación Madrileña de Salud Pública (AMaSap) y portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas) en temas de alimentación. En su opinión “no debería ser muy difícil introducir mejoras técnicas en el Nutriscore para resolver estas incongruencias”. 

Cuando el aceite de oliva se equipara al de colza

Así lo cree también Javier Aranceta, presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y del grupo de trabajo de alimentación de la Fundación Española del Corazón. Aranceta explica que tal vez la mayor incongruencia del sistema se da con el aceite de oliva: “Un producto que es icono de la dieta saludable no puede figurar como ocurre en color rojo por tener grasas ni al mismo nivel que el aceite de colza porque es como comparar diamantes con zafiros. Pero se han visto otros errores de clasificación cuando Eroski ha implantado voluntariamente en sus productos este sistema de etiquetado, como bolsas de patatas prefritas o churros congelados que figuran con buenas clasificaciones. Hay que adaptar el algoritmo”. 

Royo explica que buena parte de las sugerencias de Sespas al Gobierno han ido en la línea de corregir estos problemas, “es algo que debe ser trabajado con las autoridades sanitarias francesas y del resto de países europeos que lo están implantando”, afirma.

En su opinión, con todo, es una herramienta últil “y con demostrada capacidad para discriminar entre alimentos más y menos saludables” que puede “ayudar a reducir la prevalencia de obesidad si se utiliza en el contexto de una estrategia que priorice el control de factores sistémicos o estructurales de la epidemia de obesidad  como la producción y distribución masiva de alimentos y bebidas no saludables a bajo precio y las campañas de marketing agresivas para promocionar su consumo”.

Recomendaciones nutricionales diferentes entre países

Aranceta, en línea con las recomendaciones conjuntas que han elaborado la Fundación Española del Corazón y su homóloga europea, la European Heart Network, va algo más allá en las correcciones que precisa el algoritmo. “NutriScore puede ser un sistema interesante de etiquetado nutricional para orientar al consumidor a una elección más sana y consciente, pero el algoritmo debe adaptarse primero a lo que es el perfil de la dieta mediterránea española y por otro lado a las guías alimentarias del país”.

“Hay que tener en cuenta -continúa Aranceta- que las recomendaciones nutricionales pueden ser diferentes de un país a otro:  por ejemplo, ¿por qué la recomendación de calcio en Estados Unidos es de 1.300 y en España de 800? porque los americanos consumen un 60%-70% más de proteínas que nosotros y al tener mucho fósforo interfiere con la absorción del calcio y por tanto la biodisponibilidad del calcio es mucho menor y  por tanto sus guías indican una mayor cantidad de calcio. Ni la dieta ni las guías son iguales y por tanto deben adaptarse por países”, afirma.

Aranceta recomienda así la creación de “un comité científico nacional e internacional de expertos independientes para revisar y adaptar el algoritmo a las Guías Alimentarias y a la evidencia científica en cada país”.

¿Obligatorio o voluntario?

Royo no tiene tan claro que sea preciso un ajuste por países, pero sí “pero sí puede ser perfeccionado entre todos, analizando conjuntamente sus limitaciones”. 

Lo que sí tiene claro el portavoz de Sespas es que si se implanta debería tener carácter obligatorio: “sería lo ideal”, dice, pero reconoce que para ello haría falta modificar la legislación europea. “Creemos que esto es factible a corto plazo, porque varios países europeos se están decantando por Nutriscore, y animamos al gobierno a trabajar en esa dirección”. 

Si no se consiguiera ese carácter obligatorio que reclama Sespas, Aranceta explica que las empresas que lo adopten deben hacerlo en toda su línea de productos y no sólo en los que comparativamente puedan salir mejor parados en la evaluación. En España, de momento, lo ha implantado voluntariamente Eroski para toda su línea de productos.

Reformulación de productos 

En su opinión la generalización tiene una baza oculta muy buena: “las empresas voluntariamente reformularán la composición de sus productos para evitar figurar con colores o letras negativas. Es decir, por un lado -continúa Aranceta- el consumidor podrá optar por elegir los productos más saludables al ver el etiquetado y, por otro lado, las empresas reformularán sus productos para hacerlos más saludables”.

Esto es lo que le hace inclinarse por esta clase de medidas más allá de otras convencionales como la subida de impuestos a los productos más dañinos como los que contienen altas grasas saturadas o azúcar. Tradicionalmente se había entendido que el incremento de impuestos a la comida basura resultaba doblemente positivo ya que es precisamente la población con menos recursos la que come alimentos de peor calidad. 

Sin embargo, según Aranceta, lo que se está viendo es que “los impuestos tienen sus claroscuros y en ocasiones cuando sube el precio de un producto no saludable se mantiene la compra del producto no saludable aunque se haya encarecido y lo que se hace es renunciar a comprar otros alimentos más sanos que sí se compraban hasta ahora. Es decir si antes compraban una hamburguesa y unas cerezas, sube el precio y ahora sólo compran la hamburguesa”.

Por otra parte, aprovechando la futura implantación de NutriScore el portavoz de Sespas recomienda abordar a nivel europeo otra cuestión: la autorización de alegaciones nutricionales y de salud que se atribuyen algunos alimentos, una exigencia de la legislación europea que se ha pasado por alto desde hace más de una década, y que puede ligarse a NutriScore o cualquier otro perfil nutricional. 

¿Cómo funciona NutriScore?

El sistema establece en un código de cinco colores y sus correspondientes letras, de la A a la E, que clasifican los productos de mayor a menor calidad nutricional. Para hacer esa clasificación de los alimentos NutriScore se basa en un algoritmo que tiene ventajas frente a otros semáforos tradicionales, como dar una valoración global de la calidad del producto y permitir la comparación entre productos de diferentes categorías, pero que tampoco está exento de polémica. 

Atribuye puntos al producto según su contenido calórico, su contenido de grasas saturadas, azúcares y sal y a esa puntuación se le resta la obtenida por el contenido nutricional positivo en proteínas, fibra alimentaria y porcentaje de frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos y aceites de oliva, colza y nuez obteniendo. 

Con ello se obtiene una valoración global de la calidad del producto y no sólo de su contenido calórico ni de aspectos parciales que pueden confundir al consumidor como los modelos basados en cantidades diarias recomendadas de cada sustancia que en un mismo producto pueden colorear un rojo por el alto contenido en azúcares y un verde por el bajo contenido en grasas sin orientar, por tanto, al consumidor sobre si en conjunto si el producto es adecuado o no. 

Otra de las ventajas de NutriScore frente a otros semáforos nutricionales radica en la posibilidad de comparar productos de categorías distintas, por ejemplo, unas galletas frente a unas salchichas ya que la valoración es global y no se basa en cantidades diarias recomendadas sino en calidad nutricional.

Frente a esas ventajas, NutriScore plantea algunas incoherencias como la clasificación que se otorga a productos con edulcorantes artificiales o la ya citada situación del aceite de oliva. Sobre estos productos especiales, el propio Ministerio de Sanidad salió al paso de las críticas cuando anunció su intención de adoptar el sistema NutriScore, explicando que habría un reajuste especial para productos de un solo ingrediente como la miel, la leche o el aceite

Otra de las controversias que rodean a NutriScore es que se trata de un sistema patentado y “al no haberse alcanzado un acuerdo entre el Gobierno francés y el español para que, por motivos de salud pública, sea de libre uso, todos los que lo adopten tendrán que pagar royalties, España incluida”, explica Aranceta.

Ningún sistema de semáforos nutricionales está del todo exento de críticas con todo. Además del problema de parcelar la clasificación por diferentes tipos de compuestos (azúcares, grasas o sal) otra de las las críticas habituales que se han hecho a los sistemas disponibles es que se hayan basado en el concepto arbitrario y confuso de ración (en lugar de 100 gramos) y que esas raciones no se ajusten al consumo real (por ejemplo una bolsa pequeña de patatas puede considerarse que incluye 3-5 raciones), de modo que sobre la base de una única ración un producto podría obtener un color verde pero si se ajustara al consumo medio real de ese producto a 100 gramos el color podría cambiar a rojo.

 

Comparativa de semáforos nutricionales
Comparativa de semáforos nutricionales

¿Ayudan los semáforos nutricionales a reducir la obesidad?

Desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, se advierte además que “a día de hoy no hay una evidencia científica sólida de que NutriScore reduzca la prevalencia de obesidad. Se ha publicado recientemente una revisión sistemática que recoge los estudios que analizan capacidad real de los sistemas de etiquetado frontal para reducir la ingesta de algunos nutrientes no recomendados. Y en este estudio se observa que las estrategias que mejores resultados obtuvieron fueron los logotipos del tipo "alerta", es decir, los que únicamente aportan información negativa avisando cuando se sobrepasan las cantidades o porcentajes recomendados de ciertos nutrientes ("alto en sal", "alto en azúcares"). Esta clase de advertencias, semejantes a las utilizadas para el tabaco, son utilizadas por algunos países latinoamericanos. 

La SEEN detalla también otra reciente revisión que analiza los sistemas de etiquetado frontal, y que “incluye a NutriScore en el grupo de estrategias más adecuadas para ayudar a los ciudadanos a identificar los alimentos más o menos saludables, pero también destaca y cuantifica lo modesto de los resultados que se pueden conseguir con este tipo de herramientas: un "éxito" menor del 2% a la hora de persuadir a los consumidores para adquirir opciones más saludables”. 

Esto es, no bastaría con informar al consumidor y fiar a su voluntad el cambio de hábitos en la cesta de la compra. Según la SEEN se han utilizado de hecho diferentes estrategias para mejorar la dieta de la población y se ha observado que “las intervenciones se han llevado a cabo en diversos entornos y pueden lograr un éxito modesto; el riesgo estimado de enfermedad cardiovascular se reduce entre un 5 y un 15%. Las etiquetas FOPL permiten a los compradores distinguir entre alimentos más saludables y menos saludables. Sin embargo, los estudios realizados en supermercados del mundo real sugieren que las etiquetas FOP tienen un impacto positivo muy limitado en la salud de las dietas de las personas”.

Los endocrinos recuerdan así otras estrategias alternativas como “las políticas de acción llevadas a cabo por los gobiernos. La eliminación de los ácidos grasos trans de los alimentos, por ejemplo, es un modelo para una política de acción exitosa. Otras políticas de acción incluyen exigir una reducción sustancial en la cantidad de sal agregada a los alimentos procesados y ordenar a las escuelas que dejen de suministrar alimentos poco saludables a los estudiantes. Los impuestos y subsidios se pueden usar para aumentar el precio de los alimentos poco saludables, como los alimentos ricos en azúcar, y reducir el precio de los alimentos saludables, como las frutas y verduras. Es muy probable que las políticas de acción sean más efectivas que las basadas en el etiquetado de los alimentos envasados. También son mucho más rentables”, explica la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

En opinión de la SEEN, de hecho, “lo ideal sería diseñar un plan de acción integral, conjunto y simultáneo, que incluya una combinación de etiquetado de alimentos y de políticas de acción”, sobre todo porque en su opinión el sistema NutriScore permite que “con pequeñas modificaciones en el producto, mejore la puntuación y el color asignado y el consumidor lo interprete erróneamente como “alimento saludable”. 

El Ministerio de Consumo ha abierto este verano una consulta pública para regularlo de forma voluntaria dos años después de que el Gobierno anunciara su implantación obligatoria. Off Laura G. Ibañes Política y Normativa Off

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