Basta mirarse al espejo y levantar la lengua para ver el frenillo, la banda membranosa que une la cara inferior lingual con el suelo de la boca, y que en algunas personas exhibe una cortedad o tensión anómalas que en jerga médica se conoce como anquiloglosia o frenillo lingual corto. En la edad pediátrica es una condición relativamente frecuente -estimada, según las series, entre el 3 y el 10% de los recién nacidos y niños-, cuyas causas se han atribuido a un patrón de herencia autosómica dominante, lo que explica su agregación familiar, y que tradicionalmente se ha relacionado con dificultades en la lactancia materna y, en algunos casos, con alteraciones del habla.
Cada vez hay más interés sobre la potencial relación del frenillo con problemas respiratorios durante el sueño, y a ese conocimiento viene a contribuir una nueva investigación. El trabajo vincula el frenillo lingual corto con mayor riesgo del síndrome de apnea obstructiva del sueño (AOS) en los niños.
El estudio, el primero a gran escala que apunta esa asociación, tiene como primer autor a Carlos O’Connor-Reina, presidente de la Comisión de Roncopatía y trastornos del sueño de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). “Nuestro estudio basado en big data y seguimiento a largo plazo muestra que los niños diagnosticados de anquiloglosia presentan un mayor riesgo y un diagnóstico más precoz de apnea del sueño, aunque estos resultados no implican una relación causal directa. De hecho, los datos no apoyan la frenotomía como medida preventiva aislada frente a la AOS, lo que refuerza la idea de que se trata de un problema multifactorial, que requiere una valoración global del niño y un enfoque multidisciplinar”, afirma a este periódico.
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