El LDL ya no se contempla solo como un factor de riesgo cardiovascular. Para los cardiólogos, es directamente causante de enfermedad. Sin embargo, pese a la solidez de la evidencia científica y a la disponibilidad de tratamientos hipolipemiantes eficaces, su control sigue lejos de los objetivos recomendados.
Las últimas guías europeas establecen ambiciosos objetivos terapéuticos de LDL y apuestan por tratar antes y más fuerte a los pacientes (del inglés, strike early and strong). Aun así, José Luis Zamorano, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Ramón y Cajal, y Leopoldo Pérez Isla, jefe de Sección del Hospital Clínico San Carlos, alertan de una importante brecha entre estas recomendaciones y la práctica clínica real.
Ambos participaron en un encuentro organizado por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) y Daiichi Sankyo para analizar la última actualización de las guías europeas ESC/EAS 2025. "El documento es excepcionalmente bueno, pero lo importante no son las guías, sino su implementación", resume Zamorano. "Conocemos mucho sobre aterosclerosis, pero lo hacemos fatal. Las combinaciones de fármacos se usan poco, y hay demasiados pacientes fuera de los objetivos terapéuticos".
Brecha entre teoría y práctica
Los estudios muestran un amplio margen de mejora. Solo el 20,1% de los pacientes con riesgo cardiovascular alto o muy alto alcanza los objetivos de LDL. En España, el 73% de los pacientes con riesgo cardiovascular elevado no logra los niveles recomendados, según datos del estudio Santorini.
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