El tratamiento de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) ha dado un salto cualitativo… pero para una minoría de pacientes. La investigación ha dado pasos de gigante en los últimos años y "la ilusión es enorme", según confirma a DM Alberto García Redondo, investigador principal del Laboratorio de Investigación en ELA del Hospital 12 de Octubre. Sin embargo, puntualiza a renglón seguido: "Yo entiendo que tratar al 1% de los pacientes parece una miseria, pero no pensábamos que iba a ocurrir algo así a estas alturas y ha ocurrido".
Esta enfermedad se caracteriza por la pérdida progresiva de las neuronas motoras, que conduce a una disminución implacable de las funciones musculares respiratorias y de las extremidades. El reto terapéutico es ingente y la verdadera revolución aún no ha llegado, pero se está alcanzando un punto crítico en el que se suman diversos hitos: dos fármacos que producen una mejoría significativa; la consolidación del uso de biomarcadores en investigación y en la clínica; la puesta en marcha de registros de pacientes a escala nacional y europea; y la mejor comprensión de los procesos que están detrás del desarrollo de esta enfermedad.
Adolfo López de Munain, coordinador de Seed-ALS (un consorcio público de investigación sobre ELA promovido por el Instituto de Salud Carlos III a través del CIBER que integra a 27 grupos de 13 comunidades autónomas), añade un cambio de paradigma que puede contribuir a impulsar el conocimiento, al tiempo que explica su gran complejidad: "Ahora se concibe la enfermedad como un síndrome en el que hay varias causas que pueden ser secuenciales o concomitantes". Incluso en las causas genéticas "hay factores ambientales (el exposoma) que influyen en el desarrollo de la enfermedad" y, por otro lado, en las familias con ELA hereditario "hay algunos portadores que llegan a edades avanzadas sin haber desarrollado la enfermedad".
Tofersen: primer tratamiento genético eficaz
La disponibilidad de fármacos que vayan mucho más allá de paliar los síntomas es especialmente acuciante ante el pronóstico de esta enfermedad: la supervivencia media es de 3-5 años, con una gran heterogeneidad y dos extremos: desde los largos supervivientes hasta quienes fallecen a los 6-8 meses. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), unas 4.000-4.500 personas padecen esta enfermedad actualmente en nuestro país, a pesar de que cada año se diagnostican unos 900-1.000 nuevos casos.
Tofersen (Qalsody), cuya financiación fue aprobada en España en 2025, es el primer tratamiento dirigido a una causa genética de la ELA. El uso prolongado de este medicamento ha demostrado una ralentización significativa de la neurodegeneración y la progresión clínica en pacientes con ELA asociada a mutaciones en el gen SOD1, que codifica para la proteína superóxido dismutasa 1. "Es el primer gen que se encontró en ELA en el año 1993 y el que más se ha estudiado", expone García Redondo. Se calcula que el número de pacientes con mutaciones en este gen en España ronda los 70, y todos ellos están recibiendo el fármaco desde el pasado mes de septiembre.
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