La ortopedia pediátrica se enfrenta a retos comunes de la sanidad en las edades infantiles. Una de sus principales barreras es la falta de fabricantes, fundamentalmente debido a la menor rotación en las farmacias y ortopedias con respecto al producto para adulto. Esto provocaba un encarecimiento y en muchas ocasiones exigía un esfuerzo por parte del especialista en ortopedia, que se veía obligado a inventar soluciones a partir de los productos de que disponía. Sin embargo, en los últimos años esta situación está cambiando y cada vez existen más soluciones pensadas y diseñadas para el paciente pediátrico.
Además de solventarse esta falta de fabricantes especializados en productos ortopédicos infantiles, también se ha producido una gran revolución con la llegada de nuevos materiales que han ayudado a superar otro de los obstáculos de estos productos, como era la falta de atractivo en su diseño que provocaba un rechazo por parte del niño a veces difícil de gestionar. “Han aparecido materiales más ligeros y flexibles que nos permiten hacer tratamientos que se ajustan al calzado habitual. Todos somos conscientes de que en el pasado las plantillas eran sinónimo de calzado ortopédico y feo”, explica Maite García, vicepresidenta del Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana.
Todos los tratamientos ortopédicos en los niños necesitan un seguimiento estricto por parte de un especialista
De esta forma se ha extendido el uso de termoplásticos o poliuretanos, así como el aluminio, materiales en general más ligeros y fáciles de trabajar. Todo esto ha permitido que se haya avanzado mucho en el diseño de los productos para hacerlos mucho más atractivos y disminuir de esta forma el rechazo. “Las plantillas vienen ahora con forros con dibujos multicolores y el zapato ortopédico infantil se aproxima mucho al normal. Hay desde unos zapatos deportivos que pasarían por los de cualquier marca comercial conocida hasta las típicas merceditas para las niñas. También tenemos andadores o bastones ingleses exclusivamente fabricados para niños, multicolores y hechos en aluminio, que son muy apetecibles”, comenta Joaquín Peñalver, vocal de Ortopedia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de La Coruña y coordinador de prácticas del curso de especialización de Ortopedia para farmacéuticos de la Universidad de Santiago de Compostela.
Una mayor habilidad de adaptación
Asimismo, también ha habido una gran evolución en el tratamiento de patologías más graves, con el desarrollo de exoesqueletos para patologías neuromusculares o miembros bioeléctricos en los casos en que sea necesaria una amputación. En este sentido, la mayor capacidad de adaptación de los niños juega a su favor. “Los niños tienen una capacidad innata de aprender mucho antes. Hemos tenido casos en que en dos o tres meses son capaces de manejar bien una mano bioeléctrica mientras que un adulto tardaría dos o tres veces más si es que llega a manejarla bien alguna vez”, explica Peñalver.
No solo han cambiado los materiales y los diseños empleados en la ortopedia pediátrica, sino que también se ha producido una evolución en la forma de aproximarse a las patologías, como explica García. “En los últimos quince años esto ha cambiado mucho. Cada vez se aplican menos tratamientos y se observa más, empleando también ejercicios de la musculatura mediante juegos”. También en este sentido se está trabajando con entornos adaptativos que ayuden a acostumbrarse en el uso de exoesqueletos o miembros bioeléctricos. “Por ejemplo, si están aprendiendo a usar un exoesqueleto para subir una rampa, les proyecto en la pared una imagen como si estuvieran subiendo una montaña; es decir, se crea un entorno que les permita acompañar con una percepción envolvente de lo que tengan que hacer”, apunta Peñalver.
Patologías más comunes
Sin embargo, lo más común en la ortopedia pediátrica siguen siendo los tratamientos para las patologías de los miembros inferiores y relacionadas con la marcha. “Las talalgias de Sever, los pies planos infantiles dolorosos o los antepiés aductos suelen ser los tratamientos ortopodológicos más comunes”, afirma la vicepresidenta del Colegio de Podólogos de Valencia. Así, para este tipo de problemas el tratamiento estándar son los soportes plantares y añade que, “dentro de nuestro ámbito de actuación, realizamos también tratamientos ortésicos, como son las siliconas a medida para alinear los dedos y en casos más complejos, los pacientes más pequeños requieren de férulas, como pueden ser en los pies zambos”.
Entre las patologías más frecuentes de columna están la escoliosis o la cifosis. “Esto puede deberse por una disemetría en el niño. El hecho de que una pierna tenga una mayor longitud que la otra puede ocasionar que se produzca una desviación hacia un lado de la columna. En estos casos normalmente se emplean corsés que se hacen a medida o se adaptan, como el corsé de Milwaukee, que es el más utilizado y que sirve tanto para la escoliosis como para la cifosis”, explica Peñalver.
En general, no se han producido cambios en cuanto al tipo de patologías que se encuentran en la población infantil. Pero también es cierto que algunas prácticas han tenido un impacto en ellas. Es el caso de la luxación congénita de cadera, una patología que era muy frecuente y en la que la cabeza del fémur se salía del acetábulo de la cadera. “Hubo una época en la que aumentaron las cesáreas, y al ser esta una patología que se produce en el canal del parto, su incidencia disminuyó. Es algo muy frecuente, pero también fácil de solucionar. A veces la matrona o el pediatra lo que hacen es aconsejar el uso de dos pañales. Si no, también existe el pañal de Pavlik y otras órtesis para poder solucionarlo”, apunta Peñalver.
La necesidad de un adecuado seguimiento
Los expertos sostienen que todos los tratamientos ortopédicos precisan de un seguimiento estricto por parte de un especialista. El uso de una solución como una rodillera puede acabar generando un problema si se emplea durante más tiempo del preciso. “Así, lo que estamos haciendo es debilitar la musculatura y la articulación. Conforme vaya avanzando la curación del paciente, como en cualquier paciente, hay que estar muy pendiente para mantener y reforzar tanto la musculatura como los ligamentos”, declara Peñalver, mientras que García incide en la necesidad de la prescripción personalizada. “Una de las cosas que vemos más en consulta es ‘la medicina de la vecina’, mal indicada. La gente se compra cosas y se las aplica. No tienen por qué ser malos productos, pero deben ser prescritos por un podólogo o un médico”.
Uno de los problemas de las prótesis infantiles es el derivado de su corta duración por el crecimiento rápido del niño
En los pacientes pediátricos además existe una variable que hace que este seguimiento sea mucho más necesario: el crecimiento. Por ejemplo, el pie de un niño puede llegar a variar en hasta casi una talla y media por año, lo que obliga al cambio continuo de los productos casi de forma anual, con el elevado coste que a veces esto puede suponer. “Una órtesis normalmente tiene una durabilidad mayor, si no fuera por el crecimiento de los niños. En algunos casos, como los corsés o tratamientos de pierna, se están haciendo órtesis telescópicas, que con unos mecanismos que tienen nos permiten alargarla. Aun así, llegará un momento en que no se podrá graduar y será necesario un cambio, pero podríamos lograr que la órtesis tuviera una vida útil cercana a los dos años”, apunta Peñalver.
El problema del diagnóstico
Uno de los problemas con los que se encuentran los padres es la dificultad del diagnóstico, sobre todo en las edades más pequeñas. “Entendemos como signos de alarma cualquier dolor en el pie, tobillo o rodilla en los niños entre los siete y los diez años y en los bebés, cuando se caen mucho o son torpes o ante cualquier deformidad”, apunta Maite García. La experta recuerda que el aparato locomotor es muy complejo y en los niños no tiene nada que ver con el del adulto. “Es fundamental la derivación al especialista para descartar cualquier deformidad o patrón anómalo, incluso cualquier sospecha derivada de otra parte del cuerpo. Hay niños que andan mal porque, por ejemplo, no ven bien”.
Aunque la derivación a un especialista es fundamental, también es cierto que las farmacias con departamentos de ortopedia pueden jugar un papel importante a la hora de detectar estas posibles anomalías y así lo expresa Peñalver: “La ventaja de la farmacia es que está mucho más cercana. Obviamente nosotros no podemos actuar directamente, pero nuestra experiencia nos ayuda a ver cuándo un niño camina mal que puede tener una patología. Entonces lo derivamos al especialista y lo hacemos con una nota en la que apuntamos nuestra sospecha, algo que los médicos nos agradecen”.
Las posibilidades correctivas
La ortopedia pediátrica no solo es cuestión de adaptar en tamaño y medidas las soluciones que existen para los adultos, sino que existe en muchas ocasiones un enfoque ligeramente diferente a lo que se busca en ellos. “Durante la infancia podemos corregir patrones que no son normales, mientras que cuando somos adultos, solo podemos paliar. Por eso es tan importante valorar a los niños al menos una vez al año”, explica Maite García, del Colegio de Podólogos de Valencia, algo en lo que coincide Joaquín Peñalver, del COF de La Coruña. “El zapato ortopédico y la plantilla infantil son correctores, mientras que en el adulto esto ya no es posible” y añade que, en el caso de los adultos, al desaparecer esta posibilidad de corrección, las patologías seguirán estando presentes durante toda su vida y lo que se buscará con las soluciones ortopédicas es que tengan la mejor calidad de vida posible.
Esta posibilidad de corrección solo es posible mientras se produce el crecimiento. En el momento que este se frena (a los 11 o 12 años en las niñasy hasta los 16 en los niños) se vuelve muy difícil lograr esta corrección. “En estos casos ya habría que recurrir a intervenciones quirúrgicas, ya que la posibilidad de solventar cualquier patología con una órtesis desaparece”, añade Peñalver.
Sin embargo, esta posibilidad de corrección que existe en los pacientes pediátricos también exige un seguimiento más continuado de las soluciones que se están empleando, ya que es posible que se produzca una sobrecorrección que acabe degenerando en otro problema. “Hay que estar muy pendiente e ir retirando las órtesis que les colocamos a medida que se va produciendo la corrección que buscamos. Puede darse el caso de que tengamos un niño con un pie plano y le hacemos una plantilla para corregirlo. Si no hacemos un seguimiento adecuado, se nos puede dar el caso de que se nos convierta ese pie plano en un pie cavo, que es justo lo contrario, con un exceso de arco, debido a una sobrecorrección”, finaliza Peñalver.
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