El Sistema Nacional de Salud (SNS) se encuentra en un momento decisivo. No se trata únicamente de una fase de evolución, sino de una verdadera transición estructural en la que convergen múltiples vectores de cambio: la presión demográfica, la cronicidad, la incorporación acelerada de innovación tecnológica, la necesidad de sostenibilidad financiera y, sobre todo, una creciente exigencia de resultados en salud por parte de la ciudadanía. En este contexto, las XIV Jornadas Nacionales de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) han puesto de manifiesto una idea central que debe guiar cualquier estrategia de futuro: la transformación del Sistema Sanitario no puede basarse en la acumulación de iniciativas, sino en su integración efectiva en modelos organizativos orientados a valor.
Bajo el lema “Gestión Sanitaria en la nueva era: Estrategia, Innovación y Tecnología”, este encuentro ha reunido a cerca de 2.000 directivos y profesionales con un objetivo común: avanzar desde el diagnóstico compartido hacia soluciones aplicables, medibles y sostenibles. A este respecto, uno de los principales consensos alcanzados es que la innovación, por sí sola, no transforma los sistemas sanitarios. La verdadera innovación es aquella que impacta en resultados en salud, mejora la experiencia del paciente y optimiza la eficiencia del Sistema. Hoy sabemos que las principales líneas de innovación en España están claramente identificadas: salud digital, analítica del dato e inteligencia artificial, telemedicina, medicina personalizada, robótica y transformación organizativa. Sin embargo, el reto no es identificar prioridades, sino ser capaces de escalarlas e integrarlas.
Persisten barreras estructurales que limitan este avance. Entre ellas, destacan la fragmentación del Sistema, la falta de interoperabilidad, la rigidez organizativa y, especialmente, las dificultades para gestionar el cambio cultural dentro de las organizaciones. A ello se suma un dato relevante: aunque más del 70% de las organizaciones sanitarias consideran la estrategia digital una prioridad, más de la mitad de los equipos directivos no se sienten suficientemente preparados para liderarla. Este desajuste entre ambición estratégica y capacidad ejecutiva es, probablemente, uno de los principales “cuellos de botella” del Sistema.
Por otra parte, la transformación del SNS exige un cambio profundo en los modelos de gobernanza. No es posible abordar problemas del siglo XXI con estructuras de decisión diseñadas para otro contexto. Para ello, la Gestión Sanitaria Basada en Valor requiere reforzar la profesionalización de la función directiva, avanzar hacia modelos de rendición de cuentas y garantizar una toma de decisiones basada en datos y evidencia en tiempo real.
El liderazgo directivo emerge como un elemento crítico. No solo en su dimensión técnica, sino también en su capacidad para alinear a las organizaciones, movilizar a los profesionales y generar culturas orientadas a la mejora continua. Y es que el liderazgo que necesita hoy el Sistema Sanitario es, necesariamente, transformacional: capaz de integrar innovación, gestionar la complejidad y situar a las personas —profesionales y pacientes— en el centro de la estrategia.
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