Los datos crudos ya los conocemos. El 6,7% de la población española está afectada por la depresión y exactamente el mismo porcentaje sufre ansiedad. Se estima que un 5% tiene un diagnóstico simultáneo de estas patologías y tres de cada 10 personas con depresión grave o resistente (la que no mejora tras, al menos, dos tratamientos distintos) sufren además ansiedad severa. Estos pacientes con depresión resistente pasan una media de 12 años vagando de consulta en consulta, probando diferentes terapias y viendo desgastada su salud y su vida.
Las cifras no son mejores en la población infanto-juvenil: según Sanidad, el 8,6% sufre ansiedad y el 5%, depresión. Hasta el 40% de los menores diagnosticados con depresión sufre simultáneamente un cuadro de ansiedad severa. En cuanto al suicidio, en 2024 -el último ejercicio con registros oficiales consolidados en el INE- fallecieron 90 jóvenes entre 10 y 19 años, la cifra más alta registrada en este grupo de edad en los últimos años. Cuando los tratamientos convencionales, basados en psicoterapia y fármacos, no funcionan en muchos de esos casos de depresión resistente -acompañada o no de ansiedad-, hay que buscar alternativas. En este escenario las nuevas técnicas de neuromodulación no invasiva están abriendo un abanico de posibilidades revolucionario.
"La FDA [la Agencia del Medicamento de EEUU] ya ha aprobado la estimulación magnética transcraneal para población desde 15 años porque se ha visto mediante numerosos metaanálisis que es una terapia tan efectiva como en adultos y la verdad es que está cambiando el paradigma de atención a los menores con depresiones mayores, que cada vez son más", apunta Álvaro Moleón, psiquiatra del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) y director médico del Instituto Andaluz de Salud Cerebral (IASC).
El psiquiatra considera que es una buena noticia poder usar este tipo de terapias. "Nosotros en el IASC estamos viendo muy buenos resultados en pacientes jóvenes. Va a ser el futuro", añade Moleón, quien explica que en Europa el uso de la estimulación magnética transcraneal (EMT) en menores de edad se considera técnicamente off-label (fuera de la indicación oficial de la ficha técnica), pero reconoce que han tratado a pacientes desde los cinco años hasta los 90 "con muy buenos resultados". "Actualmente estamos recopilando todos estos datos con la idea de hacer una publicación científica en los próximos meses-años sobre nuestra experiencia en población infanto-juvenil, lo que seguro ayudará a que se consiga la aprobación oficial en Europa muy pronto", detalla.
¿Pero qué es la EMT exactamente? Se engloba dentro de las técnicas de neuromodulación, que son terapias que mediante distintos tipos de energía (eléctrica, magnética, ondas de choque...) modifican el funcionamiento de determinados circuitos neuronales. Algunas son invasivas y otras, no -como la EMT-. De hecho, es una técnica muy segura, con efectos secundarios transitorios y menores: dolor de cabeza o molestias en el cuero cabelludo. La temida y muy poco frecuente convulsión solo se da en una de cada 30.000 o 40.000 sesiones.
La EMT se empezó a investigar en los años 90, aunque hasta 2008 no se dio la primera aprobación por la FDA estadounidense y la europea llegó en 2013. "Es la última década cuando se ha implementado y en los últimos cinco años estamos viendo un auge en centros públicos y privados", explica Moleón.
La estimulación magnética se basa en pulsos magnéticos -emitidos por una bobina que se coloca en la cabeza- que atraviesan el cráneo, llegan a la corteza cerebral, después a las neuronas y las despolariza, produciendo una activación de determinados circuitos neuronales, sea excitándolos o inhibiéndolos. "Usa el magnetismo pero realmente se debería llamar estimulación electromagnética porque tú lanzas el pulso magnético pero, por la ley de inducción electromagnética de Michael Faraday, ese pulso magnético se convierte en electricidad cuando llega a la neurona porque ésta es conductora de la electricidad", ahonda Moleón.
Para los que hayan olvidado sus conocimientos de biología y física, el psiquiatra pone un ejemplo cotidiano. "Cuando colocas el móvil encima de un cargador del coche, o los cargadores inalámbricos que hay cada vez más frecuentes que pones el móvil encima de una base y se te carga la batería sin que tengas que conectar un cable, eso lo que está liberando son pulsos magnéticos. Y esa batería, al recibir el pulso magnético, se carga por esta ley de inducción de Faraday. El pulso magnético atraviesa la carcasa del móvil, e incluso la funda", expone Moleón y concreta: "La funda de ese móvil sería nuestro cuero cabelludo, la carcasa sería nuestro cráneo y la batería es nuestro cerebro, que es donde llega el impulso magnético de la bobina que es la que modifica el funcionamiento de ese circuito concreto, pero porque se convierte en electricidad al llegar al cerebro, a las neuronas".
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