Recibió el reconocimiento con sorpresa genuina, casi con incredulidad. Alejandro Lendínez, gerente del Hospital Asociado Universitario Virgen de la Poveda, en Madrid, admite que no esperaba ser uno de los premiados en los Admirables de Diario Médico en la categoría de Enfermería, un reconocimiento que interpreta menos como un mérito individual que como un gesto hacia toda una profesión. Este galardón se le entregó en el marco de la celebración del 34 aniversario de Diario Médico, con la colaboración de Bidafarma, Daiichi Sankyo, Laboratorios Indas y Pfizer.
Enfermero de formación, doctor, docente, investigador y ahora gerente hospitalario, reivindica una idea que atraviesa toda su trayectoria: la enfermería tiene capacidad para cuidar, para investigar y también para liderar. Desde esa convicción defiende más presencia enfermera en la gestión, más integración de la investigación en la práctica clínica y una visión verdaderamente interdisciplinar de la sanidad.
Pregunta.
¿Qué ha supuesto para usted recibir este reconocimiento?
Respuesta.
La verdad es que no me lo esperaba. Fue una sorpresa total. Además, viendo las personas que estaban nominadas, me parecía que había perfiles admirables y que yo era quizá quien menos esperaba estar ahí. Supongo que aparece ese síndrome del impostor que muchas veces tenemos. Lo vivo con mucho agradecimiento, pero sobre todo como un reconocimiento que va más allá de mi persona. Lo interpreto como un reconocimiento a la profesión enfermera, a su desarrollo y a todo lo que está aportando. Prefiero verlo desde esa perspectiva colectiva.
P.
Ha pasado por la asistencia, la docencia, la investigación y ahora la gestión. ¿Fue una trayectoria buscada?
R.
La verdad es que no. Ha sido un camino bastante natural. Empecé, como no podía ser de otra manera, en la asistencia, que es la base de nuestra profesión. Después fui formándome en distintos ámbitos, como cuidados paliativos o urgencias, hice mi tesis doctoral en neurorehabilitación y fui entrando poco a poco en otros espacios. El doctorado me abrió la puerta a la docencia y empecé a compaginarla con la asistencia. Más adelante llegaron responsabilidades de gestión. No fue algo planificado, sino que las oportunidades fueron apareciendo. Quizá el momento más importante fue cuando dejé la universidad y regresé a la asistencia. Algunas personas podrían verlo como un paso atrás, pero para mí fue un reencuentro conmigo mismo y con la profesión. Volver al pie de cama después de un tiempo fue una forma de reconectar con lo esencial. Después llegaron nuevas oportunidades en gestión hasta asumir la dirección de este hospital, que es uno de los proyectos más enriquecedores que he vivido.
P.
¿Qué aporta un enfermero al dirigir un hospital?
R.
Creo que aportamos una mirada muy vinculada al cuidado. No digo que otros perfiles no puedan hacerlo o no lo hagan bien, pero sí pienso que nuestra formación nos da una sensibilidad especial para entender a las personas de forma integral. Intentamos mirar a pacientes, familiares y profesionales desde una perspectiva de 360 grados. Nos enseñan a escuchar, a estar presentes, a atender pequeños detalles que luego también aplicas cuando gestionas. Esa visión integradora forma parte de nuestro ADN profesional. No se trata de defender que las enfermeras deban dirigir hospitales por encima de otros perfiles. Se trata de entender que la gestión debería depender de la competencia de cada persona, no de su categoría profesional.
P.
Sigue siendo poco habitual ver enfermeras o enfermeros en puestos de alta dirección. ¿Ese sigue siendo uno de los grandes techos de cristal?
R.
Sí, sin duda. Nuestro techo de cristal sigue estando, sobre todo, en las mesas de toma de decisiones. Es cierto que ha habido avances y que en algunos lugares se están haciendo apuestas muy valientes, como ocurre en la Comunidad de Madrid con gerencias lideradas por enfermeras o con la presencia de la gerencia de cuidados en espacios estratégicos. Pero todavía hay muchos territorios donde no existe representación enfermera ni en consejerías ni en direcciones hospitalarias. Ahí sigue estando una parte importante del problema. Tenemos que dejar de preguntarnos qué categoría profesional gestiona y empezar a preguntarnos quién tiene la capacidad y la competencia para hacerlo.
"La enfermería tiene un problema de visibilidad, ante la sociedad y ante los propios equipos sanitarios"
P.
¿La enfermería sigue teniendo un problema de visibilidad?
R.
Sí, y no solo ante la sociedad, también dentro de los propios equipos sanitarios. Muchas veces todavía se sigue viendo a la enfermera como esa persona que trae la medicación o resuelve tareas concretas, cuando detrás hay una formación académica, un conocimiento científico y una toma de decisiones clínica muy importante. Cuando dejamos una medicación en un vaso o enseñamos a un paciente a manejarla de forma autónoma, detrás hay un objetivo terapéutico, un razonamiento y una intención de cuidado. Nada de eso ocurre por casualidad. Creo que todavía no se reconoce del todo el valor del conocimiento enfermero ni la capacidad autónoma que tenemos para aplicar cuidados y tomar decisiones dentro de los equipos.
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