El interés que las grandes compañías farmacéuticas están mostrando por ALT-B4 está convirtiendo la tecnología de la surcoreana Alteogen en algo más que una herramienta para reformular medicamentos, hasta el punto de que parece tener el potencial para transformar la vía de administración de algunos de los grandes biológicos del mercado. El último ejemplo de este interés llega de la mano de la multinacional suiza Novartis, que ha firmado con Alteogen un acuerdo de opciones y licencia para desarrollar y comercializar formulaciones subcutáneas de varios de sus productos empleando ALT-B4 (berahyaluronidasa alfa), una hialuronidasa humana recombinante patentada y desarrollada mediante la plataforma tecnológica Hybrozyme, de Alteogen.
Según fuentes de la compañía coreana, ALT-B4 permite la conversión de productos biológicos que normalmente se administran por infusión intravenosa (IV) en formulaciones subcutáneas (SC) más convenientes y rápidas. Al despolimerizar temporalmente el hialuronano en la matriz extracelular, ALT-B4 facilita la dispersión y absorción rápidas y eficaces de los fármacos administrados conjuntamente.
Este último acuerdo puede alcanzar los 3.223 millones de dólares que Novartis pagaría a Altogen si se ejercen todas las opciones y se cumplen los hitos de desarrollo y comercialización previstos, además de contemplar derechos sobre las ventas netas. Pero más allá de la cifra económica, el elemento relevante es el alcance del acuerdo: Novartis no se vincula a un único medicamento, sino que obtiene opciones sobre múltiples productos susceptibles de incorporar ALT-B4.
El movimiento refuerza así una tendencia que ya se estaba consolidando. Alteogen ha cerrado acuerdos relacionados con su plataforma Hybrozyme con compañías como MSD, AstraZeneca, GSK, Daiichi Sankyo, Sanofi, Biogen, Sandoz e Intas. La propia compañía identifica ahora el acuerdo con Novartis como su cuarto contrato de licencia de ALT-B4 en 2026.
De la infusión intravenosa a una inyección subcutánea
El atractivo de ALT-B4 reside en resolver uno de los problemas prácticos asociados a muchos medicamentos biológicos: su administración. Buena parte de estos tratamientos se administra mediante infusión intravenosa, lo que puede exigir desplazamientos al hospital, preparación del medicamento y tiempos prolongados de administración y observación.
El resultado potencial es trasladar determinados medicamentos concebidos inicialmente para la vía intravenosa a una formulación subcutánea de administración más rápida y sencilla. El valor de la tecnología, por tanto, no está necesariamente en cambiar el principio activo, sino en cambiar la administración del tratamiento. Y ahí es donde adquiere importancia la sucesión de acuerdos con grandes farmacéuticas. Cada nueva licencia aporta no solo un potencial producto comercial, sino también validación tecnológica y experiencia de desarrollo en diferentes tipos de moléculas.
El precedente de 'Keytruda'
El caso que mejor ilustra esta estrategia es el de pembrolizumab. MSD obtuvo derechos sobre ALT-B4 para desarrollar una versión subcutánea de Keytruda, uno de los medicamentos biológicos de mayor relevancia comercial. El acuerdo fue ampliado en 2024 y contempló 20 millones de dólares de pago inicial, hasta 432 millones en hitos adicionales y derechos sobre las ventas.
La importancia de este precedente trasciende al propio producto. Demuestra que una tecnología desarrollada por una biotecnológica puede incorporarse a un medicamento ya consolidado para crear una nueva presentación con potencial para mejorar la comodidad de administración y, al mismo tiempo, prolongar el recorrido comercial del activo.
El modelo también se ha trasladado al campo de los anticuerpos conjugados. En 2024, Daiichi Sankyo obtuvo derechos mundiales para desarrollar una versión subcutánea de Enhertu mediante ALT-B4. Se trata de un ADC dirigido frente a HER2, lo que amplía el interés de la tecnología más allá de los anticuerpos monoclonales convencionales.
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