Cuando una embarcación llega a la costa canaria con personas en condiciones precarias, la atención sanitaria comienza prácticamente donde termina el viaje. "Se realiza el triaje a pie de playa", explica Gustavo Moreno, presidente de la Sociedad Canaria de Medicina de Familia y miembro de la Junta Directiva de Semfyc. Los casos más graves o de mayor riesgo son derivados al hospital y, para el resto, comienza un proceso en el que la atención primaria aspira a hacer algo más que resolver las necesidades urgentes.
Moreno pone precisamente el foco en ese recorrido posterior para cuestionar el propio concepto de "crisis migratoria". "Las crisis migratorias no son crisis. El fenómeno de la migración lleva existiendo décadas y, por lo tanto, debemos dejar de llamarlo 'crisis', 'oleadas', etc.". A su juicio, ese lenguaje contribuye a presentar la migración como un acontecimiento transitorio cuando requiere una respuesta sanitaria estable y planificada. Y ahí sitúa una de las principales contradicciones a las que se enfrenta el sistema: los profesionales cuentan con capacidad para responder, pero no necesariamente con los medios suficientes. "Somos capaces, pero no sin ayuda", resume.
Del desembarco al centro de salud
En esos primeros momentos, la atención primaria aporta, según Moreno, "inmediatez" y capacidad de coordinación. Los equipos pueden desplazarse al lugar de llegada y trabajar junto a Protección Civil, las fuerzas de seguridad y organizaciones que proporcionan, entre otros recursos, mediadores culturales y traductores. La medicina de familia tiene además una posición particular una vez superada la urgencia. Moreno destaca su cercanía a los recursos comunitarios, la formación en salud pública, enfermedades infecciosas y detección precoz y, especialmente, un modelo de asistencia centrado en las circunstancias de cada persona.
Porque después de la playa quedan muchas preguntas por responder. Puede desconocerse el historial sanitario, la situación vacunal o incluso determinados antecedentes personales. El siguiente paso es intentar realizar una evaluación física y, cuando resulta posible, también mental, recabando información sobre el lugar de origen y la historia de la persona. Los profesionales trabajan con protocolos adaptados a los orígenes más frecuentes, pautas de vacunación y procedimientos para el diagnóstico precoz de enfermedades que son menos habituales en España, como la esquistosomiasis. "Posteriormente es la atención primaria la que hace las primeras evaluaciones a la persona migrante y acompaña en todo el proceso de adaptación e integración", señala Moreno.
"Cualquier ocasión es buena para prevenir"
Una de las dificultades es la movilidad. La persona atendida puede cambiar de alojamiento, trasladarse a otra ciudad o incluso continuar su viaje hacia otro país. Para Moreno, sin embargo, esa incertidumbre no resta valor a la prevención. Más bien obliga a aprovechar cada contacto. "Cualquier ocasión es buena para prevenir", sostiene. Cada consulta puede servir para completar vacunaciones, explorar hábitos no saludables o realizar actuaciones de prevención individual y colectiva, aunque se desconozca cuánto tiempo permanecerá esa persona en el territorio.
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