“Era residente de primer año y fui testigo de la transformación del sistema a través de la ilusión con la que mis adjuntos vivieron ese momento”. Concha Herrera, hematóloga, recuerda cómo fueron sus inicios y su carrera, que ha ido paralela a la Ley General de Sanidad, que esta semana cumple 40 años.
Esta norma consolidó el programa de formación especializada de los profesionales sanitarios. Más conocido como sistema MIR (Médico Interno Residente), aunque en la actualidad también pasen por él Enfermería, Farmacia y Psicología, entre otros, se inició en 1978 justo después del cambio democrático. Quizás la evolución de la Hematología, de la que Herrera ha sido partícipe, ha ido siempre un paso por delante de las necesidades de adaptación legislativas.
Esta hematóloga hoy combina la jefatura de servicio de Hematología del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba con la responsabilidad de dirigir el grupo de Terapia Celular del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC). Hace dos años ingresó como académica de número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (Ramse), ocupando la plaza que llevaba 40 años vacante.
Sobre cómo ha visto ella el paso del tiempo por la ley y el sistema, Herrera apunta un par de ideas: “Hace falta un cambio de modelo de gestión de los hospitales. Pero también en Atención Primaria”. Esta hematóloga insiste en que ésta “tiene que ser el pilar fundamental para acceder al resto de la asistencia”.
Aquí recoge el guante Mario Soler. Este especialista en Medicina de Familia y Comunitaria fue uno de los primeros médicos en formarse para ello y deja claro que “la Ley General de Sanidad fue un hito indiscutible en la consolidación y creación del Sistema Nacional de Salud (SNS)”. El médico madrileño asentado en Murcia recuerda que “en el caso de la Atención Primaria coincide en los años 80 con la gran reforma y el desarrollo de la atención primaria basada en equipos multiprofesionales trabajando en centros de salud”.
Otra especialista en la materia es Verónica Casado. Toda su carrera ha estado vinculada a la Medicina Familiar, “con una etapa como gestora en la que puse en marcha hasta 17 centros”. Casado, antes de sus años como consejera de Sanidad de Castilla y León (de julio de 2019 hasta diciembre de 2021), fue reconocida en 2018 por la World Organization of Family Doctors como la mejor médico de familia del mundo. Más allá de la distinción, es una ferviente defensora de la especialidad para la que pide más acción. “Todo lo que necesita la primaria ya se sabe, está escrito. Lo que hay que hacer es poner en marcha los planes”.
Soler y Casado son miembros de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), desde la que se reivindica, junto a otras sociedades científicas, que las Administraciones protejan la formación sanitaria especializada y garanticen que las plazas de Medicina de Familia sean ocupadas por profesionales con la especialidad correspondiente. "Hay una tendencia peligrosa -advierte Casado- de contratar médicos sin el MIR. Esto no es garantista ni para el sistema ni para los pacientes".
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