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martes, 3 de febrero de 2026

La importancia de elegir bien las palabras (III): carcinoma urotelial

Fernando Navarro
Fernando Navarro
| El poder del lenguaje

Ante pacientes con hematuria de origen desconocido u otros síntomas que hagan pensar en la posibilidad de un cáncer vesical, es habitual solicitar un estudio citológico de las vías urinarias, que a menudo arroja resultados concluyentes (ya sea para confirmar o descartar una neoplasia maligna), pero otras veces arroja un resultado indeterminado o no concluyente con riesgo elevado de carcinoma urotelial. En los Estados Unidos, algunos laboratorios se refieren a esta categoría diagnóstica como atypical urothelial cells, cannot exclude high-grade urothelial carcinoma (AUC-H; en español, «células uroteliales atípicas, no es posible descartar carcinoma urotelial de gran malignidad»); otros, como suspicious for high-grade urothelial carcinoma (SHGUC; en español, «sospechoso de carcinoma urotelial de gran malignidad»).

Cuando el estudio citológico lo ha pedido un urólogo, no suele haber problemas, pues como especialista en el campo suele estar bien familiarizado con la terminología de los servicios de anatomía patológica. Pero no sucede así en el caso de otros médicos; esto es, cuando la citología viene solicitada por un médico de cabecera, un médico de urgencias o un internista de hospital. ¿Actúa igual un médico que no es urólogo cuando recibe un resultado de «células atípicas» que cuando recibe un resultado «sospechoso»?

Para poder responder a esa cuestión, un grupo de investigadores llevó a cabo en 2018 un estudio retrospectivo a partir de 792 muestras de citología: 516 con diagnóstico de AUC-H (473 remitidas por un urólogo; 43, por otros médicos) y 276 con diagnóstico de SHGUC (261 remitidas por un urólogo; 43, por otros médicos).

En el caso de los urólogos, la tasa de solicitud de una biopsia fue equivalente con ambos diagnósticos: 73 % ante un resultado citológico de células atípicas y 75 % ante un resultado citológico sospechoso. La frecuencia con la que otros médicos solicitaron una biopsia, en cambio, fue mucho menor ante un resultado citológico de células atípicas (14 %) que ante un resultado citológico sospechoso (60 %).

Cuando quien había solicitado la citología no era urólogo, el 56 % de las muestras informadas como «células atípicas» no recibieron ningún tipo de seguimiento, mientras que el 100 % de las informadas como «sospechosas» recibieron algún tipo de seguimiento.

La conclusión de los autores de este trabajo es que usar la palabra suspicious (sospechoso) para la categoría diagnóstica indeterminada con riesgo elevado de carcinoma mejora la tasa de seguimiento si el médico que habrá de valorar el informe no es especialista en urología.  ‡‡

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