Las guías clínicas aconsejan esperar al menos entre 48 y 72 horas antes de establecer un pronóstico real y de decidir si se limitan o no los cuidados en pacientes con hemorragia cerebral (es la forma más grave de ictus y una de las patologías neurológicas con mayor mortalidad).
Ante esta recomendación de 2023, a la que se suman estudios sobre los beneficios de medidas terapéuticas y neuroquirúrgicas que mejoran el pronóstico de los afectados, investigadores del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) de Barcelona, decidieron investigar qué estaba pasando con estos pacientes en los centros de agudos catalanes. Y la fotografía de la práctica clínica real que han obtenido insta a acabar con decisiones precipitadas.
El estudio, publicado en European Stroke Journal, se basa en más de 1.800 casos incluidos en el registro poblacional HIC-CAT, que recoge de forma prospectiva todos los casos de hemorragia intracerebral atendidos en la red de ictus de Cataluña (hospitales terciarios y centros con soporte de teleictus) entre 2020 y 2022.
El estudio partió de la impresión de que era relativamente frecuente que en las primeras horas tras el ingreso de pacientes con hemorragia intracerebral se tomasen decisiones de limitación precoz de tratamientos (no iniciar o retirar determinadas intervenciones terapéuticas), generalmente cuando se considera que el pronóstico es muy desfavorable y que estas medidas no aportarán un beneficio real al paciente.
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