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sábado, 15 de mayo de 2021

La fotoprotección oral libra su batalla contra el estrés oxidativo

Autocuidado
manuelbustelo
Sáb, 15/05/2021 - 08:00
Dermofarmacia
La fotoprotección oral está indicada en cualquier situación de exposición solar elevada, sobre todo si no existe una ingesta adecuada de alimentos ricos en antioxidantes.
La fotoprotección oral está indicada en cualquier situación de exposición solar elevada, sobre todo si no existe una ingesta adecuada de alimentos ricos en antioxidantes.

Uno de los efectos que produce el sol en la piel es la producción de radicales libres, metabolitos del agua que por su carácter negativo son electrófilos y en la búsqueda de ser estables se unen a estructuras de la piel oxidándola y destruyendo sus células. Ante una situación de sobrexposición solar, los sistemas naturales del organismo para contrarrestar el estrés oxidativo no son suficientes. Los fotoprotectores orales son complementos nutricionales cuya función principal es proteger de los efectos oxidativos que produce la radiación solar.

Es muy importante recalcar que el papel de estos productos siempre ha de ser complementario al uso de cremas solares y nunca deben sustituirlas. “Este es un error fatal. La fotoprotección oral no puede sustituir a los filtros protectores tópicos. Es un mensaje que tiene que quedar muy claro”, explica Ana Giménez, médica adjunta del Servicio de Dermatología del Hospital del Mar, de Barcelona, y especialista en inmunoalergia cutánea. “Los fotoprotectores orales son un complemento al actuar sobre la oxidación, pero no sustituyen a ninguna de las medidas de fotoprotección frente al eritema actínico”, recalca también María Victoria de Gálvez, miembro del Grupo Español de Fotobiología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Evitar el fotoenvejecimiento

Existen una serie de patologías dermatológicas, como la erupción polimorfa lumínica o la protoporfiria eritropoyética, que se caracterizan por un alto grado de fotosensibilidad. Para el tratamiento de estas enfermedades empezaron a desarrollarse principios activos que luego se extrapolaron a la población general y que son conocidos como fotoprotectores orales, caracterizándose todos ellos por su actividad antioxidante. “En principio, las principales funciones de los fotoprotectores orales serían las de antagonizar la excesiva producción de radicales libres, que son fuente de destrucción celular y oxidación”, comenta Ana Giménez.

En la actualidad se sabe que uno de los principales efectos negativos de las radiaciones solares sobre la piel es el fotoenvejecimiento; por eso se recomienda el uso de protectores tópicos con filtros, tanto físicos como químicos, combinados con fotoprotectores orales de acción sistémica, que, aunque no protegen directamente de los efectos perjudiciales de las radiaciones, al no ser una pantalla como sí lo son los filtros usados por vía tópica, contienen activos que activan la respuesta antioxidante del organismo. “La mayoría de los efectos dañinos de las radiaciones solares están principalmente mediadas por el estrés oxidativo y es sobre este proceso sobre el que estos complementos actúan mayoritariamente”, alecciona Marta Alcalde, vocal de Dermofarmacia y Productos Sanitarios del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona.

Una amplia variedad de principios activos 

En el mercado, actualmente, se puede encontrar una amplia variedad de productos clasificados como fotoprotectores. Normalmente suelen llevar una combinación de diferentes activos, muchos de ellos procedentes de plantas. “Aunque todos los fotoprotectores contienen antioxidantes, pueden intervenir mediante diferentes vías para reparar la oxidación que produce la exposición solar. Así, pueden actuar donando hidrógeno a radicales para bloquear la cadena oxidativa, modular la inmunidad por afectación de células de Langerjans o inhibir la fotoisomerización del ácido urocánico, entre otros mecanismos. En muchos casos incluyen varios antioxidantes asociados y complejos vitamínicos”, comenta María Victoria de Gálvez.

Entre los principios activos más utilizados en fotoprotección están los carotenoides, unos pigmentos que existen en una gran variedad de vegetales y frutas. El organismo no los puede sintetizar por sí mismo, por lo que necesita incorporarlos con la dieta. Diversos estudios apuntan que previenen la inactivación de los enzimas antioxidantes, la peroxidación lipídica y la inducción del daño en el ADN causado por el estrés oxidativo. 

También son muy utilizados los polifenoles del té verde, con un elevado poder antioxidante, y el resveratrol, procedente de las uvas. Las vitaminas C, D y E también son empleadas frecuentemente en la composición de este tipo de productos.

Asimismo, destaca recientemente el uso del extracto de Polypodium leucotomos, un extracto de un helecho de América Central, muy rico en compuestos antioxidantes, principalmente de tipo fenólicos. “Se ha visto que tiene unos efectos muy beneficiosos para el organismo porque incluye una alta capacidad antioxidante, neutralizando los aniones superóxido, los radicales hidroxilos y los peróxidos producidos en la piel después de la exposición a la radiación. Su principal diferencia con otros antioxidantes, como las vitaminas, es su capacidad para neutralizar el anión superóxido. También actúa sobre el daño del ADN, ya que tiene una acción reparadora y evita la muerte celular”, explica Alcalde.

Sin ensayos clínicos reglados

“Es importante, asimismo, destacar que la eficacia de todos estos activos ha sido probada solo en modelos in vitro, no han pasado el filtro de un ensayo reglado clínico. Sin embargo, con la abundancia de evidencias intermedias que ya hay, los dermatólogos los usamos y estamos acostumbrados a ellos. Tanto es así que hay literatura suficiente para poder emplearlos sin temor”, apunta la dermatóloga del Hospital del Mar.

Pero, ¿cuándo se pueden recomendar en la farmacia? Según los expertos consultados, la fotoprotección oral está indicada en cualquier situación de exposición solar elevada, sobre todo si no existe una ingesta adecuada de alimentos ricos en antioxidantes, como verduras o frutas. 

Además, se aconseja especialmente en personas que tienen enfermedades relacionadas con la exposición solar, en personas susceptibles de padecer cáncer de piel o en casos de tratamiento con inmunosupresores. “Debido a todos los efectos beneficiosos que aportan y a que son un complemento a la fotoprotección tópica, se podrían incluir en todas las recomendaciones de fotoprotección, ya que ayudan a mantener una piel más sana, protegida y joven”, comenta Alcalde.

Por su parte, De Gálvez apunta la necesidad de fijarse bien en su composición antes de empezar su administración. “Algunos pueden llevar sustancias, como gluten o fructosa, que hay que considerar en caso de intolerancias. También cualquier complemento nutricional debe evitarse en embarazadas y durante la lactancia. Y, por supuesto, debe ser supervisado por un especialista”.

Su posología puede variar en función de los activos que lo componen, pero, debido a que su tipo de acción no es inmediata, se recomienda administrarlos entre quince días o un mes previo a la exposición solar y durante todo el período de exposición de forma continuada. “Tienes que buscar unos niveles mantenidos y altos de estos principios en el organismo para que puedan tener efecto. Pero hemos de decir que funcionan bien. Eso sí, es necesario tomarlos de forma diaria y no simplemente dos horas antes de ir a tomar el sol; esto último no tiene sentido”, recalca Giménez.

¿Cómo afecta la luz solar a nuestra piel?

Las radiaciones solares producen diferentes efectos dañinos sobre la piel. Dentro de ellas son las radiaciones ultravioletas, que pueden ser tipo A (UVA) o tipo B (UVB), las que más afectan. La radiación UVA es la que penetra con una mayor profundidad, alcanzando hasta la dermis, por lo que puede alterar las fibras de colágeno y la elastina, siendo la principal responsable del fotoenvejecimiento. “Su efecto inmediato es producir un bronceado rápido por un mecanismo de oxidación de melanina previamente sintetizada. A largo plazo favorece la aparición del fotoenvejecimiento que provoca que las pieles sean más propensas al desarrollo de tumores cutáneos”, explica De Gálvez, quien apunta que los fotoprotectores orales defienden fundamentalmente frente a este tipo de radiación.

Por otra parte, la radiación UVB, más energética, es la principal responsable del eritema o quemadura solar y es capaz de inducir mutaciones en el ADN, produciendo progresivamente lesiones premalignas que pueden evolucionar a carcinomas. Las cremas solares protegen fundamentalmente frente a este otro tipo de radiación. “A pesar de estos efectos, las radiaciones solares son necesarias para nuestro organismo, porque también ejercen efectos beneficiosos para nuestra salud, como la intervención en la síntesis de vitamina D, dan calor, tienen efecto psicoestimulante, activan nuestra melanogénesis y son beneficiosas para nuestra circulación”, recuerda Alcalde.

Protección frente a la luz azul

En los últimos años también está aumentando la preocupación por la luz que emiten los dispositivos electrónicos, como teléfonos móviles, tabletas o pantallas de ordenador basados en tecnología LED. Es lo que se conoce como luz azul. El hecho de que cada vez se esté más expuesto a este tipo de dispositivos y durante más tiempo ha hecho que surja cierta preocupación por saber cuáles son los efectos que puede llegar a producir esta sobreexposición.
No existen evidencias científicas que demuestren que la luz azul afecta a la retina. Los expertos señalan que las molestias ocasionadas después de mirar mucho tiempo estas pantallas estarían relacionadas con una menor frecuencia de parpadeo. Sí hay más evidencias de que puede alterar el ciclo del sueño por su efecto sobre la melatonina. 

La dermatóloga María Victoria de Gálvez explica que esta luz actúa sobre la piel. “Es un espectro muy cercano al de los UVA, por lo que los efectos que genera pueden ser similares, como ocurre con el estrés oxidativo, favoreciendo el envejecimiento y la hiperpigmentación cutánea no deseada”. 

En diversos trabajos se ha estudiado este mecanismo de hiperpigmentación y se ha visto que este fenómeno se produce por activación de la proteína de la piel opsina-3. “Esta es sensible a este tipo de radiación, sobre todo en pieles con fototipos altos, como III y IV. También se ha visto que estos efectos se producen por acumulación”, añade la farmacéutica Marta Alcalde. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de la luz azul proviene, no obstante, del sol. “Para evitar la luz azul solar, se recomiendan fotoprotectores solares minerales que contenga óxido de hierro, aunque también son útiles el óxido de zinc y el dióxido de titanio. Los fotoprotectores con color generalmente son eficaces”, comenta De Gálvez, quien igualmente señala que, aun así, debido a la elevada exposición a luz azul emitida por los dispositivos LED también sería aconsejable tomar medidas. “Es recomendable disminuir la cantidad de luz azul que emiten, como por ejemplo utilizando el formato modo nocturno, que genera un tono más cálido en las pantallas y emite menos luz azul”.

Los complementos alimenticios que protegen frente al daño solar forman parte de la recomendación de dermatólogos y farmacéuticos por sus beneficios contra el fotoenvejecimiento. Off Miguel Ramudo Autocuidado Autocuidado Profesión Off

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