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miércoles, 13 de mayo de 2026

Largas supervivientes: cuando la vida se abre camino después de las CAR-T

Hematología y Hemoterapia
mariasanchezmonge
Pacientes

después de la terapia CAR-T hay vidas, en plural. Ya se puede hablar de largos supervivientes e, incluso, de mujeres que han sido madres después de este tratamiento que supone un antes y un después frente a ciertos tipos de cáncer, como el linfoma no Hodgkin B de células grandes. La historia de Sara y Zaida es un relato de superación, esperanza y, sobre todo, mucha vida: las suyas y las de sus hijas. Se cierra el ciclo, pero sus biografías y las de sus descendientes no han hecho más que empezar.

Estas dos mujeres comparten una circunstancia que hizo que sus vivencias resultasen más solitarias justo cuando más necesitaban el contacto de sus allegados: recibieron la infusión de CAR-T en plena pandemia de covid-19. Zaida en diciembre de 2020 y Sara en el verano de 2021. Fue entonces cuando, con las restricciones de acceso de los familiares a los centros sanitarios, se les sometió a leucoaféresis para extraer sus linfocitos T, que se enviaron al banco de sangre y tejidos para que los congelara y los entregara al laboratorio farmacéutico (Kite, la compañía de Gilead especializada en CAR-T). 

La fabricación del medicamento consiste, a grandes rasgos, en transducir esos linfocitos T autólogos para que expresen un receptor de antígeno quimérico (CAR) con especificidad anti-CD19. De esta manera, están programados para reconocer y eliminar los linfocitos B, que expresan esa molécula. Una vez elaborada la terapia celular, el laboratorio la envía de nuevo al banco de sangre y tejidos, que la guarda hasta el día que se tiene que administrar al paciente. 

Sara Martínez con sus hijas Mía y Chloé. Foto: CEDIDA
Sara Martínez con sus hijas Mía y Chloé. Foto: CEDIDA


Antes de recibir las células CAR-T, Sara y Zaida tuvieron que someterse a una linfodepleción mediante un régimen de quimioterapia. Por último, una vez administrada la terapia, permanecieron ingresadas en el hospital durante más de dos semanas.

Ninguna de las dos lo tuvo fácil. Sara tenía 24 años y una hija de 5 meses (Chloé) cuando le diagnosticaron el linfoma a principios de 2020. Empezó a notar diversos síntomas que, según sus palabras, “no tenían nada que ver el uno con el otro”. Dificultad para tragar, tos persistente, un resfriado que no terminaba de curarse... Acudió a urgencias y allí, tras distintas pruebas, descubrieron que tenía una masa de 10 centímetros en el mediastino. El diagnóstico definitivo llegó tras una biopsia cuyos resultados revelaron que padecía un linfoma no Hodgkin.

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Empezó a recibir tratamiento de forma casi inmediata e inicialmente respondió muy bien a la quimioterapia. Sin embargo, el alivio duró poco: “Pasaron
Si Zaida y Sara llegan a conocerse, descubrirán que tienen mucho en común. Son dos largas supervivientes tras la terapia CAR-T que, contra todo pronóstico, acaban de ser madres. Diana Off María Sánchez-Monge Oncología Investigación Investigación Off

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