En una oficina de farmacia los detalles importan. Hay muchos pequeños aspectos que, aunque no resalten a primera vista, conforman un todo que es lo que le entra por los sentidos al usuario. La luz, los espacios, la ubicación de los productos, orientación del mostrador, los metros cuadrados de la zona de venta, los colores, la rebotica, el almacén… Todo va sumando con el fin de tener una farmacia lo más funcional posible con el firme objetivo de ofrecer un buen consejo farmacéutico y conjugarlo con la rentabilidad.
Para dar con la farmacia ideal desde el punto de vista arquitectónico, Pedro Fernández Rodríguez, arquitecto especializado en el diseño y reforma de estos locales, hace un recorrido para resaltar cómo sería esa botica ‘perfecta’.
Lo primero que especifica Fernández es que no hay un modelo único. La ubicación, la superficie disponible, el perfil de los pacientes y la especialización de cada farmacia condicionan un proyecto en el que cada decisión debe responder a una finalidad concreta, explica.
La primera etapa en este house tour de la farmacia ideal es la fachada. “Tienes que adaptar la fachada a lo que es tu negocio y que desde fuera ya se vea lo que va a ser dentro”, explica el arquitecto, que defiende la importancia de mantener una continuidad visual entre ambos espacios. Apuesta por escaparates amplios, que permitan contemplar el interior de la farmacia y que puedan modificarse en función de las campañas comerciales o las distintas épocas del año. “Lo ideal sería ampliarlo y que se vea todo lo de dentro”, señala, aunque reconoce que las características de los edificios limitan muchas veces las posibilidades de intervención.
Frente a la tendencia de algunos establecimientos a cerrar visualmente sus escaparates, Fernández se muestra partidario de potenciar la transparencia. “Tú tienes que desde fuera ver lo que hay dentro y, al final, lo que se ve es lo que se vende”, sostiene.
También defiende que esa misma filosofía debe trasladarse al acceso, con puertas acristaladas, abundante luz y una conexión fluida entre la calle y el espacio comercial.
Estrategia por cada metro cuadrado
Una vez dentro, la distribución debe partir de un análisis previo del modelo de farmacia que se quiere desarrollar. “Hay que estudiar mucho lo que es el entorno de la farmacia”, insiste. Para el arquitecto, la distribución de los espacios y la elección del mobiliario deben estar directamente relacionadas con esa especialización. La superficie disponible también condiciona el proyecto, aunque no necesariamente determina su éxito. En una farmacia pequeña, por ejemplo, situar el mostrador cerca de la entrada puede permitir que el farmacéutico y su labor asistencial se conviertan en los protagonistas del espacio. Cuando se dispone de más metros, las posibilidades de exposición y diferenciación aumentan.
“Soy muy partidario de diseñar cada mueble, cada esquina, cada rincón, enfocado a tu modelo de farmacia”, afirma. No obstante, reconoce que el coste de estas soluciones puede obligar a recurrir a alternativas más económicas.
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