Científicos del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau, vinculado al hospital del mismo nombre) de Barcelona proponen un cambio de paradigma en la forma de estudiar y abordar clínicamente la depresión. El trabajo, una revisión de la evidencia disponible, plantea la necesidad de superar los diagnósticos psiquiátricos tradicionales basados en categorías amplias y avanzar hacia un enfoque dimensional, centrado en síntomas concretos y en sus bases neurobiológicas específicas.
El artículo, publicado en Translational Psychiatry, revisa de forma exhaustiva la evidencia sobre conectividad funcional cerebral en reposo y su relación con distintas dimensiones clínicas clave de la depresión: la anhedonia, la rumiación, el insomnio o la conducta suicida. Los resultados muestran que estas dimensiones presentan patrones de conectividad diferenciados, lo que refuerza la idea de que la depresión no constituye una entidad homogénea desde el punto de vista del funcionamiento cerebral.
Marta Cano, investigadora del grupo de Salud Mental IR Sant Pau y coautora del estudio, lo ha explicado así a este diario: el diagnóstico de trastorno depresivo mayor se basa en la combinación de síntomas definidos por manuales diagnósticos internacionales, como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría, que es el utilizado de forma generalizada para clasificar los trastornos mentales. Este sistema establece un mínimo de cinco síntomas de los nueve necesarios para el diagnóstico, y uno de ellos tiene que ser estado depresivo o pérdida de interés (anhedonia). Pero se da la circunstancia de que con los 9 síntomas puede haber hasta 227 combinaciones (perfiles clínicos) diferentes. Y, por ejemplo, atendiendo solo a la anhedonia puede haber hasta 500 presentaciones diferentes.
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