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viernes, 4 de septiembre de 2026

XIV Curso de Traducción Médica UIMP Santander: «Profesiones de la lengua en un entorno científico-técnico»

Fernando Navarro
Fernando Navarro
| Firma invitada: Julieta C. Sánchez

Cuando me adentré en el mundo de la traducción médica hace ya unos años, jamás habría imaginado todos los caminos que se pueden tomar dentro de esta profesión. El XIV Curso de Traducción Médica: «Profesiones de la lengua en un entorno científico-técnico» me ha demostrado que el abanico de posibilidades y caminos de desarrollo profesional es mucho más amplio de lo que imaginaba. Mi paso por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) estuvo cargado de conocimientos, experiencias, sorpresas y muchas preguntas. Preguntas sobre lo que hacemos, sobre lo que podríamos hacer y, en especial, sobre todo aquello que todavía no sabemos que podemos hacer.

La experiencia comenzó el domingo 23 de agosto a las 21:00 en punto, cuando Fernando A. Navarro nos reunió en el comedor del campus de Las Llamas para marcar el comienzo del curso, donde, entre platos y caras desconocidas, fuimos conociéndonos poco a poco los veintidós alumnos y los cinco docentes del curso.

El lunes 24 comenzamos oficialmente la jornada académica con la primera clase, impartida por Fernando, quien nos explicó su trayectoria profesional y los avances en la traducción médica y el lenguaje. Con la inauguración del curso, Fernando nos contó en qué consistiría el curso y cómo se abordarían los cinco temas principales relacionados con la medicina y las humanidades: la traducción médico‑farmacéutica, la mediación intercultural en el ámbito sanitario, la lingüística forense, la enseñanza del español médico como lengua extranjera y la lingüística computacional y la IA generativa. A lo largo de la semana, cada docente nos acompañó durante tres clases en las que pudimos profundizar en estas temáticas y descubrir nuevas posibilidades profesionales.

A lo largo de las tres clases impartidas por Fernando, nos enfrentamos a términos de traducción compleja relacionados con la neumología y reflexionamos sobre la estrecha relación entre la medicina y las humanidades, y sobre una característica imprescindible en nuestra profesión: la empatía en el ámbito sanitario.

Luego, conocimos a Layla Bellach, intérprete, traductora y mediadora y, como me gusta pensar esta especialización, un puente inmediato entre culturas. Layla nos mostró en qué consiste su día a día en el hospital como intérprete de enlace en distintas áreas de la medicina, como psicología, psiquiatría, ginecología y medicina general, entre otras. Nos acercó a una labor que va mucho más allá de interpretar y traducir palabras de una lengua a otra. Se trata de conectar a pacientes con sus profesionales de la salud en situaciones de urgencia, vulnerabilidad, incertidumbre y necesidad, y de asegurarse de que, incluso en esos momentos, puedan comprender y ser comprendidos en un entorno sanitario empático y adaptado a sus necesidades.

En sus tres clases, nos adentramos en el mundo de la interpretación y la mediación sanitaria y comprendimos las dificultades y vicisitudes que pueden surgir durante una sesión de interpretación. Hablamos sobre la importancia de que el paciente se sienta escuchado, comprendido y acompañado, y analizamos en detalle los distintos aspectos que debemos tener en cuenta durante una sesión de interpretación y mediación sanitaria: desde el contexto, la confidencialidad, la memorización detallada de los discursos y la toma de notas, hasta la comunicación no verbal, los aspectos culturales y las situaciones imprevistas que pueden surgir en cada encuentro.

Más que aprender a interpretar palabras, aprendimos a interpretar necesidades y realidades diferentes. Es ahí donde radica una de las mayores responsabilidades de quienes trabajan como intérpretes y mediadores sanitarios: en lograr que las barreras lingüísticas no se conviertan en obstáculos para el acceso a la salud.

El mismo lunes 24 también conocimos a Sheila Queralt, doctora en traducción y ciencias del lenguaje y especialista en lingüística forense, quien nos abrió las puertas a un mundo que, hasta ese momento, me resultaba completamente desconocido. Hasta las 13:00 de ese lunes 24, jamás había oído hablar de la lingüística forense. Sin embargo, su primera clase no tardó en despertar mi curiosidad. 

A través de sus tres clases, descubrimos cómo el lenguaje puede convertirse en una herramienta de investigación y en una prueba clave para ayudarnos a estimar la probabilidad de que un texto haya sido escrito por una persona concreta. Mediante diversos casos que captaron nuestra atención al instante —entre ellos, cartas de asesinos seriales y otros casos de conocimiento público—, analizamos cómo las palabras, las estructuras sintácticas, las elecciones estilísticas e incluso aquello que parece pasar inadvertido pueden convertirse en verdaderas huellas lingüísticas y derivar en un informe pericial que se presenta ante un juez.

Por si fuera poco, las clases no culminaron en el análisis de casos. Como broche final, nos convertimos en peritos lingüísticos y abogados en un último taller y fuimos protagonistas de un juicio, en el que tuvimos que analizar dos textos, determinar si era probable que una misma persona los hubiera escrito, y presentar y defender un informe pericial ante una jueza —nuestra propia docente—, quien tendría la última palabra y dictaminaría sobre el caso.

Fue increíble descubrir que, detrás de cada texto, puede esconderse una especie de huella lingüística y que un especialista puede convertirse, en cierto modo, en un Sherlock Holmes de las palabras capaz de observar, comparar, encontrar patrones y seguir pistas hasta llegar a una conclusión sobre la probabilidad de que un determinado texto haya sido escrito por una persona concreta.

Luego, conocimos a Marta Gancedo, doctora en estudios hispánicos y filóloga, quien, a su vez, nos dio a conocer el mundo de la enseñanza del español como lengua extranjera en el ámbito sanitario para profesionales de la salud. A lo largo de sus clases, nos adentramos en el diseño curricular de cursos de español médico como lengua extranjera y descubrimos las particularidades que implica enseñar una lengua especializada a quienes necesitan utilizarla en un contexto sanitario real.

También abordamos diferentes estrategias de comunicación entre profesionales de la salud y pacientes, y reflexionamos sobre la importancia de que estos profesionales conozcan la terminología médica en español y sean capaces de comunicarse con claridad, empatía y precisión con sus pacientes.

Me resultó muy interesante descubrir que nuestros conocimientos sobre lingüística y medicina también pueden encontrar un punto de encuentro en la enseñanza, desde la traducción y la interpretación de la comunicación sanitaria hasta la preparación de los profesionales responsables de la atención médica.

Al final de la jornada de aquel lunes 24, conocimos a Carmen Torrijos, traductora, filóloga y especialista en lingüística computacional, con una amplia experiencia en minería de datos e inteligencia artificial (IA). Con ella nos adentramos en el mundo de la lingüística computacional y la IA, dos campos que están transformando profundamente nuestra forma de trabajar con el lenguaje y que avanzan a pasos agigantados.

En sus tres clases, conocimos una gran variedad de herramientas y descubrimos todo lo que la IA puede ofrecernos como traductores profesionales, desde el procesamiento y análisis de información multilingüe hasta la creación y adaptación de contenidos en distintos formatos. Además, aprendimos a usar programas de IA para procesar datos lingüísticos en casos complejos, entre ellos, situaciones de vida o muerte en las que se dispone solo de dos horas para procesar diez informes médicos escritos en distintos idiomas y en las que se necesita un triaje para salvar la vida de los tripulantes y pasajeros de un buque. Explorar estas posibilidades en casos prácticos nos permitió comprender que la IA puede convertirse en una herramienta muy valiosa para optimizar procesos y resolver problemas a contrarreloj.

En un contexto en el que la IA está cada vez más presente en nuestro día a día, conocer estas herramientas, adaptarnos a su uso, entender sus limitaciones y aprender a utilizarlas con criterio profesional es fundamental. En lo personal, me resultó muy interesante descubrir cómo la lingüística computacional puede conectar nuestros conocimientos sobre el lenguaje con la tecnología y abrir, una vez más, nuevas posibilidades profesionales que hasta entonces ni siquiera había imaginado.

Pero ¡cuidado!: a simple vista, podría parecer que el curso consistió únicamente en clases magistrales y talleres alucinantes. Sin embargo, fue mucho más que eso. Todos los días, alrededor de las 18:00, cuando terminaba la jornada académica, salíamos a recorrer distintos rincones de Santander y otras localidades de Cantabria, y vivíamos la experiencia fuera del aula.

El lunes, después de una ardua caminata por la playa de El Sardinero, llegamos al Faro del Cabo Mayor, desde donde disfrutamos de unas vistas increíbles de la costa cantábrica.

Participantes en el curso, de visita en el Museo Marítimo del Cantábrico.
Participantes en el curso, de visita en el Museo Marítimo del Cantábrico.

El martes asistimos a la muestra de Luisa de la Vega en el Museo Marítimo del Cantábrico y conocimos el Palacio de la Magdalena, uno de los lugares más emblemáticos de Santander. Recorrimos sus jardines y disfrutamos de las impresionantes vistas al mar, mientras seguíamos compartiendo momentos y conversaciones que, poco a poco, nos fueron acercando como grupo. 

El miércoles hicimos una excursión a Comillas y Santillana del Mar, dos lugares que nos permitieron descubrir otra cara de Cantabria. Visitamos la antigua Universidad Pontificia de Comillas y paseamos por las calles empedradas de Santillana del Mar, con su encanto histórico.

El jueves llegó la cena de clausura, el punto final de casi una semana que se había pasado volando sin darnos cuenta. La noche estuvo acompañada de discursos de quienes venían de más lejos, de las personas con más experiencia y de quienes recién comenzaban su camino en la traducción médica, con palabras de agradecimiento, muchas risas y hasta una payada uruguaya divertida e inesperada que le dio un toque final especial a la velada.

El viernes hicimos una excursión al Valle de Iguña y vivimos uno de los momentos más especiales de la semana: Fernando, el director del curso, nos abrió las puertas de su casa, donde nos esperaba su esposa en un cálido ágape con infusiones y tortas. Además, tuvimos la oportunidad de conocer un poco más de las tradiciones y costumbres de la región y aprendimos sobre la Vijanera, una de las celebraciones más antiguas y características de Cantabria. Pero, sin duda, la comida fue también una de las grandes protagonistas de la jornada: compartimos una cena de despedida todos juntos por última vez. Fue un momento de encuentro y de charla que terminó de hacerme sentir parte de esta hermosa comunidad de traductores médicos.

Cuando llegué a Santander, sentía mucha motivación por todo lo que se venía, pero, al mismo tiempo, mucha incertidumbre porque no sabía cómo iba a ser el curso. El sábado a la mañana, sin embargo, después de aquella increíble semana, me fui sumamente feliz y, como si fuera posible, con aún más motivación para seguir creciendo y desarrollándome a nivel profesional con todo lo aprendido a lo largo del curso. Me llevo nuevos conocimientos, herramientas, ideas, horizontes para seguir explorando y la certeza de que nuestra profesión ofrece una variedad de caminos posibles mucho más amplia de lo que imaginaba.

Durante esa semana descubrí caminos profesionales que ni siquiera sabía que existían y entendí que un curso tan inolvidable como este se construye mucho más allá de las clases en el aula: en las caminatas por Santander, en las conversaciones en la pausa de café, en las risas compartidas, en los intercambios culturales, en las excursiones y alrededor de las mesas del comedor de Las Llamas.

No obstante, sin duda alguna, lo más importante que me llevo de este curso son las personas que conocí en el camino: un grupo humano difícil de encontrar y prácticamente imposible de replicar. Veintiún colegas talentosísimos y cinco docentes increíbles que llegaron desde distintos rincones del mundo, con experiencias, trayectorias, intereses, acentos y puntos de vista diferentes, pero que comparten mi misma pasión y cariño por la traducción médica.

Quiero agradecer a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, a la Fundación Lilly, a Cosnautas, a Tremédica, a Fernando Navarro, a todas las docentes y a mis compañeros por haberme permitido vivir esta experiencia de ensueño. Sin duda fue una experiencia inolvidable que siempre llevaré conmigo.

Entonces: ¿un Sherlock Holmes lingüístico, un constructor de puentes interculturales, un mentor de español para profesionales de la salud o un Steve Jobs de la lingüística computacional? Sí. Después de este curso, puedo confirmar que el abanico de posibilidades y caminos que se pueden recorrer dentro de este hermoso mundo de la traducción médica es enorme. Y eso es, precisamente, lo que me llevo de esta experiencia: la certeza de que cuanto más aprendemos, más oportunidades aparecen ante nosotros y de que siempre hay algo nuevo por descubrir.

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Julieta C. Sánchez (Argentina) es biotecnóloga, traductora y redactora médica, beneficiaria de una beca de la Fundación Lilly para asistir al curso.

Otras ediciones anteriores del curso en el Laboratorio del lenguaje:

Decimotercera edición (2025), reseña de Dunia Rassy (Méjico)
Duodécima edición (2024), reseña de Alicia Tapias (España-Alemania)
Undécima edición (2023), reseña de Miriam M. Mora Mau (Perú)
Décima edición (2022), reseña de Yamileth O. Flores (Perú-España)
Novena edición (2021), reseña de Carla Vorsatz (Brasil)
Octava edición (2020), reseña de Francisco Bautista (España)
Séptima edición (2019), reseña de M.ª del Carmen Ruiz Alcocer (México)
Sexta edición (2018), reseña de Antonio Láinez Ramos-Bossini (España)
Quinta edición (2017), reseña de Teresa Pons Ferrer (España-Reino Unido)
Cuarta edición (2016), reseña de Laura Pruneda González (España).

¿Un Sherlock Holmes lingüístico, un constructor de puentes interculturales, un mentor de español para profesionales de la salud o un Steve Jobs de la lingüística computacional? On Off

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