El mar es lo primero que ve Luciano Di Croce (Formia, Italia, 1969) cada día al llegar al trabajo. La ventana de su despacho en el Centro de Regulación Genómica (CRG) da directamente a la playa de la Barceloneta; una estampa de olas y arena muy similar a la que, desde la otra orilla del Mediterráneo, contemplaba de niño en su pueblo natal.
Di Croce creció en una pequeña localidad a medio camino entre Roma y Nápoles, "un lugar tranquilo, con influencia de las dos ciudades que ya los antiguos romanos elegían como ciudad de vacaciones". Allí su padre, un geólogo que enseñaba Matemáticas, le inculcó el amor por la Ciencia.
El científico italiano es hoy uno de los principales expertos en Epigenética y el líder de un prometedor proyecto contra el glioma difuso de línea media, un terrible tumor cerebral que afecta a los niños. Pero el camino que le llevó hasta el laboratorio no fue una línea recta. Porque en el bachillerato, en vez de Física, Química o Matemáticas, él estudió Latín, Griego, Filosofía y Arte. Optó por la formación clásica en lugar de seguir la rama científica. Y aunque pudo haber sido arqueólogo o filósofo, a la hora de pasar a la Universidad decidió matricularse en Biología.
"El primer año fue un poco más complicado, porque me faltaban algunos conocimientos. Pero en cuanto me puse al día me fue muy bien, incluso acabé antes de tiempo la carrera. Es lo que tiene haber lidiado con un texto en griego antiguo, tu cerebro se prepara para absorber lo que sea".
Los estudios clásicos, asegura, le han aportado dos perspectivas muy interesantes para hacer ciencia: "por un lado la racionalidad, la necesidad de hacer las cosas de una forma estructurada y con calma. Y por otra, haber estudiado toda la evolución de la Humanidad también da una motivación, una ilusión por seguir encontrando mejoras que puedan ayudar a las personas".
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