El síndrome de burnout no es nuevo en el ámbito sanitario, pero en los últimos años viene tenido una visibilidad creciente en colectivos especialmente vulnerables, como los MIR y los EIR. Los datos presentan un panorama desesperanzador tratándose de profesionales que están iniciando su carrera. En España, el estudio Ikerburn, de la Organización Médica Colegial (OMC), desveló que más del 50% de los residentes y médicos jóvenes de nuestro país sufre este síndrome de desgaste profesional y el 93,9% presenta síntomas compatibles.
“Estas cifras confirman que no estamos ante un fenómeno anecdótico sino estructural”, asevera María Victoria Sánchez López, psicóloga clínica y directora del GrupoLaberinto Psicoterapia para la Salud. La sobrecarga asistencial es, también en esta problemática, un factor determinante: “Sobrecarga asistencial y jornadas prolongadas tienen impacto directo en la regulación física y emocional”. Además, los residentes soportan una alta responsabilidad clínica precoz, “especialmente en contextos de presión o falta de supervisión”.
Sandra Pardo Seoane, representante nacional en la OMC de Médicos Tutores y Docentes, coincide en apuntar a un sistema perverso que espera de sus profesionales “que seamos invencibles, perfectos, que aguantemos guardias interminables, agendas cargadas, todo con una sonrisa. Y si nosotros no estamos bien, no podemos cuidar bien”.
Pero no es el único motivo, según ambas expertas. El origen es multifactorial y el perfil que tienen los médicos jóvenes, frecuentemente perfeccionista y autoexigente, es caldo de cultivo. “Son personas súper exigentes desde la infancia para llegar a unos niveles estratosféricos de calificaciones y acostumbrados a gestionar el éxito. Y la Medicina tiene fracaso, no sólo éxito. Sus expectativas se dan de bruces con la realidad”, enfatiza Sandra Pardo, quien recuerda que el período de residencia es por sí mismo un estresor y estar rodeados de referentes “quemados” tampoco ayuda: “Los residentes aprenden lo bueno, pero también las actitudes buenas y malas. Expresiones como no puedo más, es imposible, otro paciente no, le llevan a aprender que no quieren acabar así”.
Motivación interna y hablar de los errores
La prevención no es fácil, como apunta Sánchez, ya que una de las características del burnout es que aparece cuando la regulación ya está comprometida. No obstante, la psicóloga traza unos ejes que pueden marcar la diferencia. El primero es entrenar la autoobservación: “Identificar cambios en el estado emocional, la energía o el cuerpo antes de que se intensifiquen”. Poner palabras al malestar, compartiendo con compañeros y supervisores de confianza lo que se está viviendo, junto con familiares y amigos; y no minimizar algunos signos de alerta: “El cansancio persistente no es solo cansancio”. Cuidar los hábitos básicos de sueño y alimentación, así como acceder a espacios terapéuticos son otros de sus consejos. “La prevención no implica eliminar el malestar, sino poder registrarlo y gestionarlo”, sentencia la psicóloga.
La introspección es también la primera recomendación de Sandra Pardo: “Todos deberíamos atender a la introspección, cada día mirar hacia dentro y si lo que vemos no nos gusta, igual hay que protegerse más”. Respetar los horarios de comidas, sueño y descanso es vital “porque ayuda a que los neurotransmisores funcionen mejor” y la red social es clave: “Hablar y sacar fuera lo que tenemos dentro ayuda a ordenar y a sentirnos mejor”. Y muy importante, en su opinión, convencerse de que la motivación es interna, no externa, y que hay que hablar de los errores: “No se habla de ellos y yo siempre digo que debería haber sesiones clínicas dedicadas a los errores. Tienen pavor al fracaso, lo ven como algo insalvable, cuando todos nos equivocamos y esto forma parte del aprendizaje”.
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