Un tipo de ácido graso omega-3 presente en el pescado azul, utilizado en forma de medicamento para reducir los triglicéridos, podría proteger directamente al corazón tras un infarto, según un estudio en modelo preclínico liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) de Barcelona. El trabajo, publicado en la revista European Heart Journal, demuestra que el éster etílico del ácido eicosapentaenoico (EPA-E) reduce el daño cardíaco a través de mecanismos que van más allá de su efecto sobre los lípidos en sangre.
Segú ha informado hoy el IR Sant Pau, este compuesto no solo mejora el perfil lipídico, sino que actúa directamente sobre el tejido cardíaco lesionado, modulando procesos clave como la inflamación, el metabolismo celular y el estrés oxidativo, todos ellos determinantes en la evolución del infarto.
Estos resultados, ha destacado el centro, se alinean con los observados en ensayos clínicos previos, como el estudio REDUCE-IT, en los que este tipo de tratamiento ha demostrado reducir eventos cardiovasculares en pacientes con hipertrigliceridemia —una alteración frecuente, presente en cerca de un tercio de la población, asociada a un mayor riesgo cardiovascular incluso en personas con niveles de colesterol LDL controlados—, aunque el alcance de este beneficio no puede explicarse únicamente por la reducción de los triglicéridos circulantes.
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