Los médicos están acostumbrados a diagnosticar las enfermedades de los demás. Cuando el paciente son ellos mismos, sin embargo, la consulta puede hacerse esperar. Son, según Juan Carlos Rueda, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (AEEMT), la categoría profesional que menos acude a los servicios de prevención de riesgos laborales para solicitar ayuda.
Y eso no significa que su trabajo no les pase factura. Los trastornos musculoesqueléticos y los problemas de salud mental concentran buena parte de las consultas relacionadas con su actividad, a las que se suman alteraciones del sueño, dermatitis, exposiciones biológicas y problemas derivados de las condiciones de trabajo, las guardias y la nocturnidad.
"La profesión médica tiene tendencia a no pedir ayuda y a gestionar de forma individual las propias dolencias", explica Rueda. El autodiagnóstico, la propia formación y una cultura profesional marcada por la exigencia podrían contribuir a que algunos facultativos normalicen sus problemas de salud en lugar de consultar por ellos.
La paradoja es que, mientras los médicos atienden a pacientes con enfermedades relacionadas con su actividad laboral, sus propias patologías pueden quedar fuera de los registros oficiales. La diferencia entre lo que se observa en las consultas de Medicina del Trabajo y lo que termina reconocido como enfermedad profesional constituye uno de los principales problemas que señala la AEEMT.
El dolor que acompaña a la bata
La primera factura es física. Los trastornos musculoesqueléticos constituyen la carga más constante en las estadísticas de salud laboral y son la primera causa de consulta en las unidades de salud laboral, según Rueda. Entre los médicos afectan especialmente a la columna cervical y lumbar, los hombros y las extremidades superiores.
No todos los facultativos están expuestos de la misma manera. Cirujanos, anestesistas, odontólogos, endoscopistas y especialistas en radiología intervencionista o ecografía comparten actividades que pueden exigir posturas mantenidas, movimientos repetitivos o procedimientos prolongados.
Una revisión y metaanálisis citada por el presidente de la AEEMT sitúa en torno al 17% la patología degenerativa cervical entre médicos expuestos a trabajo procedimental y posturas mantenidas, en el 18% la patología del manguito rotador y en el 19% la patología degenerativa lumbar. El síndrome del túnel carpiano alcanza una estimación del 9%.
En determinadas áreas quirúrgicas e intervencionistas, los estudios describen además una elevada frecuencia de dolor cervical, que puede rondar el 60% anual, y de hombro, en torno al 52%, aunque las cifras varían según la especialidad y el método de medición.
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