El paso de la facultad al hospital obliga a los médicos residentes a enfrentarse a una realidad clínica mucho menos ordenada que la que aparece en los manuales y en lo que llevan años estudiando. Los síntomas no siempre encajan con claridad, los pacientes no siempre saben explicar qué les ocurre y, en muchas ocasiones, la presión asistencial se mezcla con la incertidumbre, los conflictos o la necesidad de comunicar malas noticias.
Jesús Francisco Arzúa Moya, presidente de la Asociación MIR España (AME) y R4 de Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud de Ribeira (A Coruña), señala que uno de los principales temores de los residentes, especialmente durante las primeras etapas de su formación, es encontrarse ante situaciones que no controlan y que, además, requieren una actuación urgente. "Al salir de la carrera pensamos que los pacientes se explican con claridad, como en un libro de texto, y la realidad en algunos casos no es nada de eso", explica. La práctica clínica enseña pronto que "no hay enfermedades, sino pacientes".
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