Un estudio publicado en Revista Española de Cardiología muestra que un patrón de alimentación provegetariano modifica el riesgo cardiovascular a largo plazo en los jóvenes. Los resultados confirman que hay que tener presente un matiz importante: esta orientación dietética no es intrínsecamente saludable, sino que depende, principalmente, del tipo de alimentos vegetales que se incluyan. De hecho, cuando se basa en un consumo abundante de ultraprocesados la balanza del riesgo se inclina peligrosamente hacia el aumento de la incidencia de infarto de miocardio, ictus y muerte cardiovascular, que son los tres eventos que se tuvieron en cuenta, confirmados mediante historias clínicas. Sin embargo, cuando se hace bien tiene la ventaja de que no es necesario renunciar totalmente a los alimentos de origen animal para beneficiarse de sus efectos positivos cardiovasculares.
Pocas personas siguen un patrón dietético vegano o vegetariano puro, pero sí son muchas las que mantienen una alimentación que se puede calificar como provegetariana, es decir, tirando a vegetariana. Esto se traduce en una ingesta preferente de alimentos vegetales sin abandonar totalmente los de origen animal. Así lo expresan los autores del estudio que se acaba de difundir, dirigido por Maira Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra: "En los últimos años, un número cada vez mayor de personas han adoptado dietas de origen vegetal, motivados por preocupaciones relativas al bienestar animal, al impacto medioambiental y a la salud". Estos patrones dietéticos "son más fáciles de mantener a largo plazo que las dietas vegetarianas o veganas estrictas".
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