Reencuentros, alegría, magia… así sienten la Navidad muchas personas. Pero, no todas. Las ausencias de seres queridos, -temporales o absolutas-, las malas relaciones con la familia, la soledad no deseada, el estrés que ocasionan los viajes y celebraciones e incluso la sensación imperiosa de consumir en esta época del años pueden originar rechazo y, en el peor de los casos, estado de ánimo depresivo y tristeza. ¿Cuántos no han pronunciado, alguna vez, en estas fechas la típica frase de "me acostaría y no me levantaría hasta pasado Reyes"?
Es lo que se ha llamado, según Javier García Campayo, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, 'blues navideño' o 'depresión blanca' y que sin llegar a constituir un trastorno psiquiátrico como tal, se caracteriza por la aparición de síntomas entre los que se incluyen la tristeza, el insomnio, la ansiedad o el mal humor. "Realmente está considerada como un síndrome, puesto que la mayor parte de manuales de diagnóstico psiquiátrico no la reconocen".
Las causas de su aparición son múltiples, hecho que diferencia por qué algunas personas se sienten deprimidos en esta época de año y otras no. A juicio de este especialista, "cualquier malestar o enfermedad hay que entenderla desde una perspectiva bio-psico-social. En la depresión, y sin llegar a ese nivel, en la tristeza navideña, por supuesto hay factores biológicos". Explica que unos son generales, como la menor exposición a la luz del sol típico del invierno, lo que favorece la depresión. Pero, también los hay individuales. "Si tenemos antecedentes de depresión en la familia el riesgo aumenta, aunque para nada es determinante".
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