La Ley de Salud Digital, que acaba de iniciar el proceso de aprobación, es un hito histórico para nuestro Sistema Nacional de Salud. Estructuralmente es más que necesaria para que el SNS pueda hacer frente, de manera unida, a la cogobernanza del dato, la regulación de la IA en la parte clínica y la introducción de herramientas solventes en el ámbito de la salud. Pero, además de esa complejidad, también está sujeta a una más que tensionada aritmética parlamentaria.
Juan Fernando Muñoz, secretario general de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, atendió a DM durante el XVI Foro de Gobernanza del Dato de la Sociedad Española de Informática de la Salud para explicar la ambición de esta norma, su alcance y su potencial transformador.
Pregunta.
¿Cuál es la ambición de esta Ley de Salud Digital?
Respuesta.
Nuestra propuesta está diseñada a partir de la discusión con todas las comunidades autónomas dentro de la Comisión de Salud Digital y durante los últimos 12 meses hemos intensificado el debate bilateral con cada una de ellas para afinar al máximo en el marco del Reglamento 2025/37 relativo al Espacio Europeo de Datos de Salud. Hemos querido fijar algunas condiciones del intercambio de información clínica que, hoy en día, tienen una base legal mejorable. Tenemos la oportunidad de desarrollar el primer texto legal en España en materia de Salud Digital y hemos querido consolidar aquellos aspectos que ya están funcionando y extenderlas a toda la sanidad, incluyendo también a la sanidad privada, que hasta ahora carecíamos de una base jurídica clara para poder hacerlo. Y también queremos un marco común para la gestión sanitaria, que es competencia de las comunidades autónomas, en torno a las herramientas de uso en salud digital, desde la telemedicina hasta la inteligencia artificial. En suma, establecer un suelo desde el que podamos crecer entre todos.
Queremos consolidar lo que ya está funcionando en Salud Digital y extenderlo a toda la sanidad, incluyendo a la privada.
P.
¿Cómo se resuelve el rompecabezas de la interoperabilidad?
R.
Estamos lejos del objetivo final, pero no debemos estar haciéndolo tan mal, ya que todos los informes que se presentan en la UE nos sitúan como el primer país de los grandes en términos de interoperabilidad. Y esto se debe a que la propia estructura de nuestro sistema tras las transferencias nos obligaba a ello, más allá de que los pacientes tenemos la “mala costumbre” de movernos entre distintas regiones y los límites administrativos no pueden ser una barrera para operar como sistema único. En ocasiones se menciona que yo puedo sacar yenes con mi tarjeta bancaria en Tokio. Pero, claro, si se equivocan en el cambio de moneda, seguramente es más fácil hacer la conciliación cuando yo ya haya regresado a España. El problema con, por ejemplo, la medicación, es que, si se equivocan, quizá no pueda regresar. Hay muy poca gente que esté a la altura de lo que tenemos en España, asumiendo que nos queda mucho por hacer, como bien saben nuestros ciudadanos y nuestros profesionales.
Nos queda mucho por hacer, pero hay muy poca gente que esté a la altura de lo que tenemos en España [en interoperabilidad].
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