La trombectomía mecánica ha supuesto un avance trascendental en el tratamiento del ictus isquémico, al permitir restaurar el flujo sanguíneo en arterias previamente obstruidas. Sin embargo, a pesar de esa técnica, cerca de la mitad de los pacientes sometidos a ella no alcanzan una recuperación funcional satisfactoria en el medio plazo. Es lo que se llama reperfusión clínicamente ineficaz; y refleja que la apertura del vaso no siempre se traduce en una restauración efectiva de la perfusión cerebral a nivel tisular.
En ello influyen varios mecanismos: el daño por reperfusión, la disfunción de la microcirculación, la pérdida de autorregulación cerebral o la aparición de transformación hemorrágica. Y también cuenta este otro factor: qué sucede con la tensión arterial hasta 72 horas después de la trombectomía.
El ensayo clínico HOPE (Hemodynamic Optimization of cerebral Perfusion after Endovascular therapy), liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), de Barcelona, publicado ahora en JAMA Neurology y antes presentado en el congreso anual de la European Stroke Organisation, ha demostrado que adaptar los objetivos de presión arterial al grado de reperfusión cerebral mejora de forma significativa la recuperación funcional en estos pacientes, sin aumentar el riesgo de complicaciones.
Falta por ampliar la muestra (de 440 pacientes tratados en 11 hospitales españoles de este estudio hay que subir a los 700 previstos inicialmente) y por incorporar evidencia en pacientes asiáticos, pero, si se confirman los resultados del HOPE, sus conclusiones se incorporarán a las guías clínicas y a la práctica convencional de forma sencilla, económica y global (en todo el mundo), ha explicado a este diario Pol Camps-Renom, jefe del grupo de investigación de Enfermedades Cerebrovasculares del IR Sant Pau y uno de los coordinadores del estudio.
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