A las nueve de la mañana, en Sanchinarro (Madrid), una médica recibe a una paciente de 50 años que lleva meses arrastrando ansiedad, insomnio y problemas laborales. A pocos kilómetros, en Moratalaz, otra facultativa organiza junto a enfermeras, fisioterapeutas y trabajadores sociales la atención de una población donde abundan los octogenarios. Más de 500 kilómetros al noroeste, en un pequeño municipio del sur de Lugo, un médico de familia atiende a una mujer de 90 años que todavía cuida su huerta y cuya historia clínica conoce casi tan bien como sus hijos.
Entre los tres escenarios hay diferencias evidentes. Uno refleja la presión de la vida urbana y el auge de los problemas de salud mental. Otro, los desafíos de una población cada vez más envejecida. El tercero, la realidad de una España rural donde todavía sobreviven fuertes redes vecinales y donde el médico conoce a varias generaciones de la misma familia. Pero todos comparten una misma profesión y una misma certeza: gran parte de la medicina de familia sigue construyéndose alrededor de la escucha y de la relación de confianza con el paciente.
Del estrés y la ansiedad a la cronicidad
Para Pilar Conde, directora del Centro de Salud de Sanchinarro, el perfil de los pacientes ha cambiado notablemente en los últimos años. En una zona joven, con abundancia de profesionales cualificados y familias en plena etapa laboral, los problemas de salud mental ocupan cada vez más espacio en la consulta. Ansiedad, insomnio, agotamiento emocional o dificultades para conciliar la vida personal y profesional forman parte del día a día de una atención primaria que, en muchas ocasiones, se convierte en la primera puerta de entrada para personas que atraviesan momentos de vulnerabilidad.
Esa necesidad de escuchar y comprender el contexto de cada paciente conecta directamente con la experiencia de Leonor González Galán, directora del Centro de Salud Arroyo de la Media Legua, en Moratalaz. Allí la realidad es diferente. La población es una de las más envejecidas de Madrid y eso condiciona tanto las patologías atendidas como la forma de ejercer la medicina. "Tenemos muchos mayores. Eso condiciona mucho la forma de atención", explica.
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