Cuando reciben el diagnóstico adecuado, las niñas, adolescentes y mujeres con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) respiran aliviadas. Ya saben por qué olvidan cosas, por qué les cuesta tanto centrarse, por qué se sienten cansadas, por qué no rinden y se relacionan como la mayoría de los mortales. Saben qué ocurre en su vida. Y lo que se despeja, y de una manera aplastante, es que ni son 'tontas', ni vagas, ni dejadas, ni están enfermas. Simplemente ocurre que su cerebro responde y actúa de una manera distinta. Igual que en el caso de los varones con TDAH pero con la diferencia de que en ellos es la hiperactividad -'es un niño muy movido'- el signo más diferenciador.
Si una evaluación y detección temprana es esencial para todos las personas con TDAH, para las niñas/mujeres es especialmente importante, ya que en ellas el subtipo inatento de este trastorno suele ser el más frecuente y el que tiende más a enmascararse. Este retraso diagnóstico tiene consecuencias.
El más destacable es no acceder a estrategias multidisciplinares y tratamientos adecuados que mitiguen no sólo los síntomas nucleares del trastorno sino también las 'soledades' sociales a las que se enfrentan -y se enfrentarán-, a lo largo de su vida. En cualquier caso, la mujer con TDAH es más 'invisible' que el hombre con este trastorno, lo que vuelve a poner de manifiesto la existencia de un sesgo de género en el abordaje de la salud de la mujer.
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