"De cabecera", ese ha sido el apellido que ha marcado la relación del sanitario con el paciente. ¿Su característica principal? La confianza. Y qué puede significar más que dejar tu salud en las manos de otro. En la historia, ese "de cabecera" ha ido ligado al médico, pero qué pasa con los más de 50.000 farmacéuticos comunitarios que atienden, muchas veces de forma silenciosa, a los pacientes cuando el sistema no llega a tiempo. Sin colas, sin esperas, eso sí, con una mirada cálida que te dice "tranquilo, lo vamos a solucionar".
La figura del "farmacéutico de cabecera" no es nueva. Lo que pasa es que la etiqueta no se ha asentado, pero los farmacéuticos llevan desde el inicio desempeñando ese papel. Porque, digan lo que digan, la oficina de farmacia "de toda la vida" siempre ha sido la trinchera sanitaria a la que todos hemos acudido cuando la salud se ha tambaleado. En mi caso, Pedro, que así se llama mi farmacéutico, me ha enseñado lo importante que es tener una mano amiga cuando hablamos de salud. Pese a que la farmacia en la que él trabaja no es la de debajo de mi casa, su vocación y trato cercano han hecho que siempre que necesito algo vaya allí.
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