No llega a los 700.000 habitantes. Es uno de los países más pequeños de Europa. Tenía fama de paraíso fiscal, pero de aquello ya no queda nada. Sí, se trata de Luxemburgo, esa pequeña nación con frontera con Bélgica, Francia y Alemania. Este es el destino que desde hace cinco años escogió el médico español Álvaro Bravo Pascual. Por muy poca población que albergue, también tiene pacientes que se enferman y que necesitan a facultativos como Álvaro para ser tratados.
Este médico, que acabó Medicina en Granada en 2017, para llegar al territorio luxemburgués hizo una escala en un país vecino. “Empecé la residencia de neurología en Alemania, en una zona de frontera con Luxemburgo, pero al final acabé aquí debido a las facilidades que ofrece el sistema alemán para acabar la residencia en otras zonas o incluso en otros países”, destaca Bravo, quien previamente durante la carrera había estado de Erasmus en Alemania y Austria. En aquel entonces ya tenía claro que quería vivir experiencias fuera de España.
Este neurólogo de 32 años trabaja en la asociación Réseau Psy, que trata pacientes de esquizofrenia en el sur del país en la localidad de Esch-sur-Alzette. Bravo tras acabar la especialidad de neurología comenzó la de psiquiatría en la que está afrontando su último año. Álvaro explica que en Luxemburgo el paciente tiene libertad total para ir a cualquier centro o especialista. El sistema es de copago. El estado financia el 88% de la consulta y el 12% corre a cargo del paciente.
Sin listas de espera
Otra de las características del sistema de salud de Luxemburgo es que las demoras que se producen en otros países como España no existen. “No hay lista de espera y al ser un país pequeño siempre va haber un especialista cerca al que puedas ir”, remarca Bravo, mientras que explica que tampoco hay que esperar mucho para una resonancia o un TAC como sucede en el sistema de salud español.
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