La huelga médica ha tensionado de forma desigual el sistema sanitario, pero hay varios ámbitos donde el impacto se concentra con especial intensidad: atención primaria, Urgencias, Anestesiología, Medicina Intensiva y, de forma menos visible pero crítica, Radiología. En todos ellos confluyen la sobrecarga estructural previa, la presión asistencial diaria y unas condiciones laborales cada vez más difíciles de sostener. Si hay un eje que atraviesa buena parte de las reivindicaciones es el modelo de guardias, especialmente las de 24 horas. Las especialidades más vinculadas a este sistema concentran buena parte del malestar y explican, en gran medida, el alcance de las movilizaciones.
En atención primaria, el conflicto actúa como un amplificador de problemas crónicos. Las agendas saturadas, la falta de sustituciones y la presión burocrática convierten cualquier alteración en un impacto directo sobre la accesibilidad. "La huelga tiene más visibilidad en hospitales, porque nosotros no hacemos guardias, pero también nos afecta", afirma una médico de primaria que prefiere mantener el anonimato, quizá porque reconoce que "en muchos centros se están saltando los acuerdos de huelga".
Según explica, seguir los paros en atención primaria es complicado: "Los que están de servicios mínimos sufren la hostilidad del resto de categorías profesionales, además de enfrentarse a agendas infinitas forzadas". A ello se suma una pérdida de poder adquisitivo si se hace huelga que no deja indiferentes a unos profesionales cuyo sueldo ya vive en tensión: "La vocación no paga la hipoteca", reconoce.
En Urgencias, la huelga se mueve en una paradoja constante: la presión asistencial impide que el paro se traduzca en una caída visible de la actividad, pero no reduce la tensión interna. Con servicios mínimos del cien por cien, el impacto de los paros es significativo, especialmente por el aumento de pacientes que acuden ante las dificultades de acceso en atención primaria y consultas externas. Según explica José Pavón, presidente de Semes Canarias, este fenómeno no responde a un incremento de patologías graves, sino a casos que buscan una respuesta asistencial más inmediata. “No producen ingresos, pero sí una sobrecarga asistencial”, señala, en referencia al aumento del volumen de pacientes que deben ser atendidos en un contexto ya tensionado.
A esta presión se suma el efecto en los servicios centrales, clave para el funcionamiento de Urgencias. Durante la huelga, se registran "retrasos en pruebas diagnósticas no urgentes, lo que alarga los tiempos de espera y dificulta la resolución de los casos". Esta ralentización impacta directamente en la eficiencia del servicio: los pacientes permanecen más tiempo en Urgencias a la espera de resultados, lo que incrementa la congestión y reduce la capacidad de respuesta ante nuevos casos.
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