Javier Padilla, dejará de ser secretario de Estado en los próximos meses. Su paso por este cargo, durante casi cuatro años, culmina y está decidido a no formar parte de ninguna lista ni del parlamentarismo venidero tras las elecciones del próximo 29 de noviembre, "en absoluto", dice.
Asegura tener "la mejor profesión del mundo", como es la de médico de Familia, pero va a dedicar los próximos meses "a descansar" gracias a no disponer de una plaza en propiedad, que ganó y no cogió estando ya en el cargo: "No me pareció decoroso". Sobre su cese como secretario de Estado dice: "Nadie lo va a celebrar más que mi hija".
Pregunta.
Hace cuatro años pasó de estar en la Asamblea de Madrid, en la oposición, a la Secretaría de Estado de Sanidad ¿Qué le ha sorprendido más de gobernar que no supiera estando en la oposición?
Respuesta.
Siempre he sido bastante pragmático y realista, pero por decir alguna, la solidez a la par que lentitud de la Administración General del Estado (AGE), que es un buque que se mueve de manera constante. Digamos que el Estado está protegido frente a gobernantes incompetentes gracias a un cuerpo de funcionarios tremendamente solvente.
Lo segundo, lo debilitada que está desde la crisis económica por cómo se gestionó. En los últimos años ha habido ofertas públicas de empleo con cifras récord, pero que hay un gap de una generación de casi 2010 a 2018, que se nota mucho a la hora de tener músculo para sacar cosas adelante. El tercer elemento sería la alta variabilidad en función de las características de los altos cargos. Siempre se nos dice que estamos en todos los lados, que se han desbloqueado muchas de las cosas que no se habían hecho y que hablamos con todo el mundo. No concibo que se pueda hacer de otra manera.
Y, por último, la expectativa de poder acceder a espacios de diálogo de grupos de presión que ni nos planteábamos que tuviéramos que tener. Me refiero, por ejemplo, al grupo de presión de la industria del tabaco con el que entendimos que no teníamos por qué reunirnos. Creo que hay ciertas cosas que desde el Ministerio de Sanidad no hay por qué pasar por ellas.
P.
En 2019 escribió el artículo 10 cosas que hacer con un ministerio que no sirve para nada. ¿Cuatro años después cree que el Ministerio de Sanidad sirve?
R.
Lo de que ‘no sirve para nada’ lo dijo Podemos en su momento para rechazar estar aquí. En 2019, yo ya tenía conciencia de que el ministerio servía para mucho. Después de 2020 nadie puede decir que no sirve para nada.
Creo que en estos años también hemos dado muestra de que el problema con las competencias es que, además de tenerlas, tienes que ejercerlas porque si no alguien va a venir a hacer uso de ellas. Cuando llegamos aprobamos el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo, que estaba metido en un cajón. Aprobamos el Real Decreto de Financiación de Productos Sanitarios, que llevaba más de dos décadas debiendo aprobarse. 23 años sin aprobar una reforma del Estatuto Marco. Si dejas algo en barbecho durante más de dos décadas genera tanta conflictividad.
Nosotros hemos tenido el episodio del hantavirus, que simplemente desde una perspectiva puramente de competencias distribuidas, habría sido un tremendo desastre. No hay más que ver cuál fue la posición que adoptó la comunidad a la que llegó el barco con el brote.
Además, hay cuestiones que no son dependientes del Ministerio de Sanidad, como el mutualismo administrativo [el modelo Muface] y es la primera vez que desde aquí se ha abogado por su desaparición presentando un informe sobre cuál sería el impacto asistencial que tendría en el conjunto de las CCAA asumir su desaparición y con datos que luego fueron bastante refrendados por la Airef.
También hay un elemento que se tiene muy poco en cuenta, y es que una parte muy importante de la legislación que ahora mismo rige sobre nosotros es europea. Y el Ministerio de Sanidad español ha tenido una voz muy relevante a nivel europeo y a nivel global en esta legislatura.
"El próximo Gobierno, sea del signo que sea, no creo que negocie por debajo del acuerdo al que llegamos con la grandísima mayoría de los sindicatos del Ámbito"
P.
¿Cuál ha sido el peor día de estos casi cuatro años y el que más le ha compensado?
R.
El peor día, cuando el Congreso tumbó la ley de la Agencia Estatal de Salud Pública en la primera votación, después de que los grupos aseguraran que salía adelante. Fue como sentir una desconexión entre lo que debatías y luego ocurría. Y el día que más me ha reconfortado, cuando aprobamos el Real Decreto 180/2026 de Universalidad. En realidad cuando algunos compañeros me dijeron que en el centro de salud había cambiado la forma de tramitación para los migrantes en situación irregular gracias al real decreto.
P.
Póngase la bata de médico y hablemos de Estatuto Marco. ¿Qué reivindicaciones de los médicos cree legítimas y cuáles no se podrían conceder nunca?
R.
Una cosa es que no esté de acuerdo y otra que las reivindicaciones no sean legítimas. Son legítimas todas. En general no estoy de acuerdo con ellas, pero ni ahora ni nunca. Creo que los médicos tenemos que estar incluidos en el ámbito de regulación de los profesionales de asistencia sanitaria con las singularidades que sea. Nadie ha conseguido en ningún momento decir por qué era necesaria una regulación específica para los médicos. No tiene sentido decir que la propuesta de bajar de 24 a 17 horas las guardias no es factible por el número de profesionales, pero que las guardias voluntarias sí son factibles. Lo importante es decir que esto es factible de manera transitoria y ser la palanca para que no tengas que esperar otros 25 años hasta una nueva normativa lo regule y seguir avanzando hacia las guardias voluntarias. Llegar a una situación en la que lo mejor es enemigo de lo bueno es tremendamente inmovilista y nos lleva a situaciones como esta: una legislatura más sin reformar el Estatuto Marco.
Además, algunas de las cosas que se ponen encima de la mesa son viables mediante la desestatutarización y el paso de todos los profesionales al régimen laboral. Lo que ocurre es que para decir eso, quien lo reivindica tiene que ser valiente y decirlo, porque las comparaciones con otros países, sabiendo que ninguno se rige bajo un régimen estatutario como el nuestro, son parciales.
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