Como veíamos en la entrega anterior, Google Translate traduce hoy mucho mejor de lo que lo hacía diez años atrás. Con DeepL, el sistema de traducción automática más apreciado por los traductores profesionales, el resultado que obtengo tras llevar el mismo párrafo de Marañón de gira traductoril en ocho etapas (es-zh-de-ar-en-jp-fr-ru-es) es este:
Un buen libro es como un amigo leal que no pide nada a cambio. Es un maestro generoso que comparte sus conocimientos sin reservas y nunca se cansa de enseñarnos una y otra vez. Es un guardián que protege fielmente la moderación y la sabiduría de los antepasados. Es una fuente de consuelo en los momentos de tristeza. Es lo que hace que el preso se olvide de la existencia de su celda y el exiliado, de la nostalgia por su patria. Calma nuestras inquietudes y, adondequiera que vayamos, herida, nos sigue como una sombra. Es una guía a la hora de tomar decisiones importantes. Calma nuestro corazón en los momentos difíciles y nos da fuerzas cuando tropezamos. Y, a pesar de tal valor, muestra la mayor generosidad: no nos pide nada a cambio. Una vez terminada la lectura, puedes simplemente volver a colocarlo en la estantería o incluso olvidarlo en el asiento del tren. En cualquier caso, aunque no le expresemos nuestro agradecimiento, nunca se enfadará con nosotros.
¿Y los chatitos de la IA? Aunque no son aplicaciones diseñadas específicamente para traducir, sino simples chatbots, sus resultados no desmerecen en absoluto de los que entregan los grandes sistemas de traducción automática. A modo de muestra, traigo solo dos de los más populares.
He aquí el párrafo que me devuelve ChatGPT para la misma multitraducción en serie:
El buen libro es un amigo que lo da todo y no pide nada a cambio. Es un maestro generoso que no oculta su conocimiento y no se cansa de repetir una y otra vez lo que sabe. Es un fiel transmisor de la prudencia y de la sabiduría antigua. Es un consuelo en los momentos de tristeza. Hace que el prisionero olvide su prisión y que el exiliado olvide su nostalgia por la patria. Es un calmante para las grandes preocupaciones, que nos acompaña a dondequiera que vayamos con nuestro dolor. Es un guía en las decisiones importantes. Suaviza el corazón en los momentos de dureza o nos fortalece cuando empezamos a vacilar. Y, siendo todo esto, posee la grandeza sublime de no exigirnos ninguna gratitud. Después de leerlo, simplemente lo devolvemos al estante o lo dejamos olvidado en el asiento de un tren; no importa. Incluso si no se lo agradecemos, no nos guardará rencor.
Y aquí el que devuelve Perplexity:
Un buen libro es un amigo sincero, que lo da todo y nada exige a cambio. Es un maestro generoso, que no escatima su saber y nunca se cansa de transmitir, una y otra vez, lo que conoce. Es el fiel portador de la sabiduría y la perspicacia de los antiguos. Es el consuelo en las horas de tristeza. Es aquel que hace olvidar su prisión al cautivo y mitiga la nostalgia del exiliado por su patria. Es el remedio apacible contra las grandes inquietudes y temores de la vida, siempre a nuestro lado, compartiendo nuestro dolor adondequiera que vayamos. Es el guía en los momentos de las grandes decisiones. Es la fuerza que ablanda el corazón cuando se endurece, y la que nos da valor cuando empezamos a desfallecer. Y después de todo eso, aún conserva la más alta nobleza: la de no exigir nunca nuestra gratitud. Cuando terminamos de leerlo, simplemente lo colocamos de nuevo en el estante o lo dejamos, olvidado, sobre el asiento de un tren. Da igual; nunca nos guardará rencor.
Está ciego quien no vea que, en este segundo cuarto del siglo XXI, la tecnología va a derribar las barreras interlingüísticas en modo nunca visto hasta ahora en la historia de la humanidad. ‡‡
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