Cuentan las crónicas sobre la era de los descubrimientos geográficos que el escorbuto era la gran maldición de los piratas y marineros. Sin embargo, el hombre que acudió recientemente al Servicio de Urgencias del Hospital 12 de Octubre y salió con un diagnóstico de esta enfermedad no se dedica a surcar los mares. Una pésima alimentación, hasta el punto de no ingerir prácticamente ningún alimento que aporte vitamina C, es lo único que tiene en común con los navegantes y exploradores de aquellos tiempos.
Aunque el paciente acudió al hospital por otro motivo, los profesionales que lo atendieron apreciaron que presentaba unas lesiones cutáneas muy características, así como gingivitis y problemas dentales. Al interrogarlo sobre su dieta, confesó que no ingería nada de fruta y únicamente consumía una pequeña cantidad de verdura congelada aproximadamente una vez al mes.
Los casos clínicos raros e inesperados son habituales en urgencias, pero cada uno de ellos puede suponer una auténtica odisea hasta que se llega al diagnóstico. ¿Por qué no compartir estas experiencias con otros médicos? Con este propósito nació Caso a caso. Experiencias clínicas en el servicio de urgencias del Hospital 12 de octubre de Madrid (Ergón Creación, 2026), que recopila casos clínicos de especial interés. "Queríamos reunir todo el aprendizaje de nuestra actividad diaria para que otros profesionales pudieran aprovecharlo", expone a Diario Médico Ana Morla Sánchez, médica de urgencias del centro madrileño y una de las editoras del libro, que ya va por su tercer volumen.
Arritmia por bebidas energéticas
Otro de los casos clínicos excepcionales que recoge la obra es el de un joven que había estado tomando bebidas energéticas (que muchas personas personas consideran inocuas) y llegó a urgencias con "una taquicardia importante", relata Morla, quien añade que se trataba de una arritmia "que puede ser mortal".
También se recoge en el volumen una infección por una fasciola, que dio la cara a través de unas lesiones hepáticas y un parámetro analítico que sugería una posible parasitosis: eosinófilos elevados. Tirando del hilo, la paciente comentó que había comido berros en León. La fascioliasis es una enfermedad parasitaria animal (principalmente de rumiantes) que puede transmitirse a los seres humanos. La infección se adquiere cuando se ingieren plantas acuáticas o semiacuáticas crudas o mal cocinadas (particularmente, berros silvestres) que tienen adheridas las larvas del parásito al tallo o a las hojas.
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