Hay un momento en la vida de un médico que marca para el resto de los días. Se trata del examen MIR. No es solo la nota o entrar en la especialidad que uno desea, sino el destino de los años de residencia. Todo es incertidumbre que se puede multiplicar por dos si la pareja también tiene que enfrentarse a ese examen y a esa ruleta geográfica. Se puede evitar este trance y emprender una nueva vida juntos como médicos en Suecia. Este es el camino que cogió Guillermo Ferreira y su pareja, Teresa Ferrández, en 2014. Ahora forman una familia de cuatro con dos nuevos integrantes nacidos en Suecia: los pequeños Leo (3 años) y Luca (6).
“Llevábamos muchos años juntos, desde segundo de carrera y no queríamos correr el riesgo de tener que separarnos. Decidimos no hacer el examen MIR e irnos al extranjero. Barajamos Canadá, Australia, Bélgica y Suecia y nos decantamos por Suecia”, explica Guillermo, cardiólogo en Skövde, a una hora en tren de Gotemburgo y a unas dos horas en tren de Estocolmo.
La elección de Suecia no fue aleatoria, sino que tenía una base a la que agarrarse. “Nos llamó la atención que se valorase el hecho de que el estudiante hubiera hecho un buen currículum, y en ese momento ya nosotros habíamos publicado algún artículo, estábamos preparando un libro de medicina que después publicamos. Habíamos hecho ya alguna cosilla que denotaba que teníamos un perfil diferente. Esto es importante pues a la especialidad se accede por medio de una entrevista en la que se valora los méritos propios, entre otras cuestiones”, recuerda Guillermo, el mismo que también añade a las claves de irse a Suecia las ventajas para la conciliación y formar una familia y el hecho de que su hermano investigador estaba ya allí y les habló maravillas del país.
Decidir empezar una nueva vida en un país como Suecia pasa por dominar el idioma. “Estábamos pendientes de irnos a Canadá o Suecia y compramos unos libros de francés y sueco, pero nos gustó más el sueco, parecía menos aburrido”, recuerda Guillermo, mientras que añade que mientras que sus compañeros de carrera se preparaban el examen MIR ellos en se afanaban en aprender sueco lo antes posible, primero desde España y después ya en Suecia. “Entonces no exigían un título de idioma sueco para homologar el título de médico en Suecia, desde hace unos cuantos años sí, se pide el nivel C1”. Con la homologación ya en el bolsillo, Guillermo empezó en cardiología, sabiendo que le quedaba muy grande, y su mujer por pediatría, aunque Teresa acabó se pasó a dermatología. Guillermo trabajó dos años en un centro de salud cogiendo experiencia y mejorando el idioma, y cuando se sintió preparado volvió a cardiología.
Acceso a la especialidad
En Suecia el recorrido para ser especialista cambia en función de la especialidad, aunque en ninguna hay examen de acceso. Las especialidades más demandadas son las mismas que en España. “Tradicionalmente siempre ha sido más fácil empezar por primaria o psiquiatría, ahora también, aunque ya no es ni de lejos tan asequible como en el 2015. A pesar de que necesitan muchísimos médicos los recursos económicos para contratar no son los que eran”, admite este médico canario que no pierde el acento pese a llevar ya más de una década en territorio sueco.
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