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viernes, 17 de abril de 2020

Covid-19, una oportunidad de oro para hacer cambios estructurales en el SNS

Opinión
franciscogoiri
17/ 04 / 2020

Algún día, esperemos que cercano, dejaremos atrás la pandemia de la Covid-19 y, todos, políticos, gestores, profesionales y ciudadanía, retomaremos una nueva cotidianeidad, que, según muchos, puede ser distinta de la actual y venir marcada por las huellas que va a dejar la pandemia en el tejido social y económico de los países, sobre todo de los más afectados.

Hoy, las declaraciones de los políticos y los medios de comunicación se dedican constantemente y de forma casi monográfica a trasladar a la opinión pública reflexiones y datos epidemiológicos y clínicos acerca de la Covid-19, y no hay conversación que no esté protagonizada por las cifras de muertos, contagiados y curados así como por los problemas de suministro a profesionales y ciudadanía de medios de diagnóstico o de autoprotección, y los derivados de la saturación de los servicios de urgencias y de las unidades de cuidados intensivos, y -con menor frecuencia- de los centros de salud.

El abordaje asistencial se ha hecho bajo una visión 'hospitalocéntrica'

El abordaje asistencial y de salud pública de la pandemia se ha hecho bajo una perspectiva hospitalocéntrica, siguiendo la cultura dominante en los sistemas sanitarios, combinada con medidas restrictivas de las libertades individuales (esencialmente en el campo de la movilidad y la interacción personal y social), de la actividad educativa y de distintos sectores económicos, principalmente.

Es muy posible que nunca lleguemos a saber con certeza si la aplicación de otros tipos de medidas más selectivas y no tan globales habrían podido tener éxito para frenar la pandemia con menores tensiones en el sistema sanitario, resultados estadísticos aceptables en términos de morbimortalidad e impacto social y económico más reducido.

Lo que sí es cierto es que la pandemia ha puesto sobre la mesa de la actualidad al sistema sanitario y a sus profesionales, sobre todo a los médicos, calificados como "héroes" y merecedores de los más efusivos halagos por parte de todo el mundo. También ha generado un estado de opinión universal acerca de la necesidad de potenciar el sistema sanitario público, lo que se acompaña habitualmente de críticas severas a los recortes presupuestarios en las políticas sociales, establecidos a partir de la crisis de 2008 por parte de gobiernos de variado signo ideológico.

En plena crisis, diversos organismos, como el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y otros, animan a los países a incrementar el gasto público priorizando el dedicado al sistema sanitario, recomendación que es muy posible que se traduzca en un aumento de sus recursos financieros a corto y medio plazo.

Una vez que se haya conseguido llegar a una situación estable en relación a la difusión y afectación por la Covid-19, por el cambio en la situación inmunitaria poblacional y la posible disponibilidad de tratamientos y/o vacuna efectivos, el sistema sanitario recuperará su pulso normal y será el momento de comprobar en qué medida se traduce en sus ámbitos estratégico y operativo esa mayor prioridad política y presupuestaria que hoy se anuncia como muy probable.

Parece existir un amplio consenso acerca de la existencia de una infrafinanciación crónica del sistema sanitario, con origen muy anterior a la crisis iniciada en el año 2008. Este hecho, junto a una demostrada incapacidad política clara para corregir algunos de los problemas no resueltos por la Ley General de Sanidad de 1986, y la falta de voluntad innovadora para adaptar el sistema a los cambios sociales de todo tipo acaecidos desde los años 80, así como para reorientarlo bajo una perspectiva más salubrista e intersectorial, pienso que obligan a insistir en tres aspectos importantes:

1-Que sería un error y un fracaso imperdonables que no se aproveche esta situación crítica como una oportunidad de oro para introducir los cambios de orientación, estratégicos y organizativos que necesita nuestro sistema sanitario, evitando que los nuevos recursos se dediquen a seguir haciendo más de lo mismo, con base en los llamados "presupuestos históricos".

2-Que es preciso diseñar una nueva conceptualización de las políticas de salud en marcos intersectoriales, que las contemplen como uno de los componentes, no el único, del bienestar y la calidad de vida personal y colectiva.

3-Que, en consonancia con lo anterior, el nuevo sistema sanitario sea el resultado de un equilibrio estable entre el progreso tecnológico al servicio de la asistencia personal y una perspectiva comunitaria de la atención de salud, en la que los cuidados sanitarios y sociales tengan un alto grado de integración estratégica y operativa de base territorial.

No hay que olvidar las dificultades que existen para que paradigmas de este tipo -que implican visiones de medio y, sobre todo, largo plazo- tengan un desarrollo suficiente, y ser conscientes de que los planteamientos políticos más al uso adolecen de un cortoplacismo exagerado, muchas veces acompañado de visiones poco racionales (hipotalámicas), en forma de proyectos que ponen por delante del bienestar colectivo una visión frecuentemente sectaria de la realidad. Pero a pesar de ello hay que seguir insistiendo.

Off Amando Martín Zurro. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Off

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