Hace hoy exactamente cien años, el 7 de enero de 1926, fallecía en Guatemala, con tan solo 28 años, un joven médico poeta hondureño: Joaquín Soto Suazo.
Nacido en la ciudad de Comayagua, en 1915 se graduó como maestro de instrucción primaria en la Escuela Normal de Varones de Tegucigalpa. Al año, siguiente, con 19 años, publicó su primer y único poemario: El resplandor de la aurora. Los ciento y pico poemas que contiene forman una amalgama romántico-modernista en la que alternan temas de exaltación patriótica, la evocación nostálgica de la infancia e, impregnándolo todo, ese pesimismo romántico tan decimonónico que se deleita en los estados mórbidos del alma: la glorificación de la melancolía, el descontento frente a la realidad, el anhelo de una vida distinta, el arraigado sentido de la muerte.
Tras ejercer brevemente como maestro, se mudó a San Salvador para estudiar medicina en la Universidad Nacional (hoy Universidad de El Salvador). En noviembre de 1923, defendió en la Facultad de Medicina su tesis doctoral, que llevaba por título Distomatosis hepática: a propósito del primer caso encontrado en El Salvador. Ya con el título de médico bajo el brazo, se trasladó a la ciudad de Guatemala para ejercer por corto tiempo la profesión hasta su prematura muerte. ‡‡
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