Hablar del coste del paciente crítico ya no es un ejercicio exclusivamente económico, sino una cuestión de organización del sistema y de sostenibilidad asistencial. En un contexto de presión creciente sobre las UCI, anticipar el consumo de recursos y comprender qué factores lo condicionan se ha convertido en una herramienta clave para la planificación y la toma de decisiones.
Desde el punto de vista de la gestión, los principales determinantes del coste de un ingreso en UCI están bien identificados. “Principalmente la duración de la estancia, la necesidad de soporte vital avanzado como la ventilación mecánica, los vasopresores o la terapia de reemplazo renal, la realización de procedimientos de alta complejidad y el desarrollo de complicaciones durante el ingreso, especialmente infecciosas, tromboembólicas y el delirium”, explica Jordi Morillas, coordinador del Grupo de Trabajo de Planificación, Organización y Gestión de la Semicyuc.
Esta combinación de factores no solo incrementa el gasto, sino que añade complejidad organizativa a unos servicios que trabajan, en muchos momentos, al límite de su capacidad. En este escenario, la posibilidad de anticipar la complejidad y el consumo de recursos desde fases tempranas del ingreso adquiere un valor estratégico. “Permite identificar precozmente a los pacientes de alta complejidad, planificar mejor la asistencia y evitar decisiones reactivas. No se trata de recortar, sino de asignar antes y mejor”, subraya Morillas.
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