El Ministerio de Sanidad y el Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos (ISMP) han realizado un Estudio sobre la implantación de prácticas seguras en el uso de los medicamentos de alto riesgo en los hospitales españoles, del que se ha hecho eco la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH). Han participado 82 hospitales de 13 comunidades autónomas (77 públicos y cinco privados), la mayoría de tipo general (97,6%) y con docencia (98,8%), que entre abril y junio de 2025 completaron un cuestionario de 186 ítems de evaluación, 19 de los cuales tienen varios componentes que se valoran independientemente (en total, 254). Los resultados muestran una implantación global moderada (52,7%) de las prácticas seguras, con notable variabilidad entre los centros y entre los diferentes grupos terapéuticos y procesos del circuito de utilización de los medicamentos.
Se trata del primer análisis nacional centrado específicamente en este grupo de medicamentos, que permite disponer de información detallada del nivel real de desarrollo y aplicación en la práctica hospitalaria de las medidas de seguridad recomendadas por organismos e instituciones internacionales. Sus resultados se han dado a conocer coincidiendo con la noticia del fallecimiento de dos pacientes oncológicos en el Hospital de Burgos por un error en la preparación de un fármaco.
Entre las prácticas con baja implantación figuran las intervenciones basadas en la automatización e informatización, como la integración de alertas clínicas
Así, las prácticas más implantadas fueron las relacionadas con el almacenamiento (excepto potasio), la expresión de nombres y dosis, la identificación y el seguimiento clínico de los tratamientos con medicamentos de alto riesgo. Por el contrario, las prácticas menos desarrolladas fueron las vinculadas con la formación y competencia de los profesionales, así como con la educación a pacientes (excepto en el caso de antineoplásicos, insulinas y anticoagulantes). También mostraron una baja implantación las intervenciones basadas en la automatización e informatización, como la integración de alertas clínicas o la verificación mediante código de barras en los procesos de preparación, dispensación y administración, a pesar de que tienen mayor potencial para reducir errores de medicación según la jerarquía de efectividad de las prácticas seguras.
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