A partir de ahora cuando una persona acuda a consulta asturiana con una garrapata adherida a la piel, los profesionales sanitarios podrán recoger la muestra y registrar información básica relacionada con la picadura. Posteriormente, el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) analizará el ácaro para determinar su especie. A continuación, la muestra se remitirá al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde se estudiará la posible presencia de microorganismos con relevancia sanitaria.
Hasta ahora cuando una persona acudía a un centro sanitario con una picadura de garrapata "nos quedábamos en lo asistencial, es decir, se quitaba la garrapata y se vigilaban los síntomas. Ahora vamos a obtener información de esa garrapata para determinar su especie y analizar posibles patógenos", explica a Diario Médico la subdirectora de Salud Pública, María Luisa Rodríguez Velasco.
Así, con este procedimiento se podrá obtener mucha más información de la que se disponía hasta ahora sobre la presencia de garrapatas en el territorio y los parásitos que contienen. En concreto, el proyecto persigue ampliar el conocimiento sobre este tipo de arácnidos, detectar los principales patógenos de interés para la salud pública y reforzar la vigilancia epidemiológica ante posibles riesgos emergentes.
Enfermedades bien conocidas y otras más nuevas
Los parásitos de las garrapatas pueden contagiar enfermedades como la de Lyme, la fiebre exantemática mediterránea, la anaplasmosis, la babesiosis y, en determinadas zonas, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Algunas de estas enfermedades se conocen en nuestro país desde hace mucho tiempo y otras no tanto. Además, se prevé que podrían aparecer otras nuevas que se detectan en países cercanos como la encefalitis transmitida por garrapata.
Asturias es en España la comunidad con mayor incidencia de enfermedad de Lyme.
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