Durante la residencia, la profesión tiende a ocuparlo todo. Desde horarios, conversaciones, preocupaciones e incluso hasta el tiempo libre. Por eso es fundamental mantener aficiones que no tengan relación con la especialización, como practicar deporte, tocar un instrumento, leer o compartir tiempo con amigos y familiares, señala María Bergia, directora académica de MIR Asturias.
Todas estas actividades o acciones ayudan al MIR a recordar que "la identidad de un médico va mucho más allá de su trabajo". Esta separación, aunque sea parcial, actúa como "un mecanismo de protección frente al desgaste emocional y favorece una recuperación mental más efectiva", señala Bergia.
Otro factor fundamental es el apoyo social. Los residentes afrontan una etapa de gran exigencia académica y emocional, con una elevada responsabilidad asistencial y un aprendizaje continuo. En este contexto, disponer de una red de personas con las que compartir experiencias, preocupaciones o simplemente momentos de ocio tiene un valor incalculable, indica la directora académica de MIR Asturias.
El sentimiento de pertenencia, la comprensión mutua y la posibilidad de expresar emociones sin sentirse juzgado reducen la sensación de aislamiento que puede aparecer durante la especialización, explica Bergia: "Desconectar, en muchas ocasiones, consiste precisamente en sentirse acompañado".
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