La revolución farmacológica de la obesidad no terminará con los agonistas del receptor del GLP-1. Tras el salto que han supuesto semaglutida y tirzepatida, el pipeline avanza hacia tratamientos más eficaces, con mecanismos de acción distintos y beneficios que trascienden la pérdida de peso para actuar sobre las complicaciones de la enfermedad.
"El futuro no será una competición en la que el fármaco con mayor pérdida de peso desplace a todos los demás", anticipa Irene Bretón, coordinadora del Área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). En el futuro, coexistirán tratamientos con perfiles diferenciados: "Algunos priorizarán potencia, otros administración oral o mensual, otros preservación muscular y otros un beneficio probado en una complicación específica".
La ampliación del arsenal permitirá elegir el tratamiento según el perfil clínico y las preferencias del paciente. "Podremos elegir entre tratamientos con diferentes mecanismos de acción, vías de administración y beneficio clínico en las complicaciones de la obesidad", señala Bretón. "Este abordaje terapéutico multimodal seguirá unas bases fisiopatológicas, de forma similar a la combinación farmacológica empleada en la hipertensión o la diabetes tipo 2".
No solo es perder peso
Los agonistas del GLP-1 han marcado un antes y un después, pero la siguiente generación de fármacos permitirá personalizar mejor los tratamientos y abordar de forma más específica las comorbilidades asociadas a la obesidad.
Este cambio ya comienza a observarse con los medicamentos actuales. En el ensayo Select, semaglutida 2,4 mg redujo un 20% el riesgo relativo de muerte cardiovascular, infarto de miocardio no mortal o ictus no mortal en personas con sobrepeso u obesidad, enfermedad cardiovascular establecida y sin diabetes.
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