El reciente anuncio de las conversaciones para una posible fusión entre las multinacionales AstraZeneca (AZ) y Bristol Myers Squibb (BMS), reveladas por Financial Times citando fuentes conocedoras de la operación, ha dado lugar a múltiples análisis sobre el impacto que tendría la unión de ambas empresas en el panorama farmacéutico global. La información del periódico británico apunta a que ambas compañías podrían llevar meses en conversaciones, aunque éstas estarían todavía en una fase preliminar, es decir, podrían desembocar en un acuerdo, prolongarse o romperse sin que llegue a anunciarse ninguna operación. La posible fusión crearía un nuevo gigante valorado en casi 400.000 millones de dólares.
Ninguna de las dos compañías ha confirmado oficialmente esas conversaciones, pero la reacción del mercado ha sido inmediata. Las acciones de la británica AZ cayeron con fuerza tras conocerse la información, mientras que los títulos de la estadounidense BMS subieron ligeramente o permanecieron estables, reflejando el escepticismo de muchos inversores sobre el encaje estratégico de una operación de este tamaño.
El origen de ambas empresas, no obstante, puede ser una clave que explique la conveniencia o no de la eventual operación. Según el análisis de Fierce Pharma, unir fuerzas con BMS reforzaría la presencia de AZ en Estados Unidos, mientras que incorporar la cartera de productos de AZ -que la empresa británica prevé que aumente de los 55.600 millones de dólares en ingresos de 2025 a unos 80.000 millones de dólares en 2030- podría fácilmente impulsar el crecimiento de BMS.
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