Un paciente comienza a tomar un medicamento y, al cabo de días o semanas, aparece un nuevo síntoma. En lugar de plantearse que pueda ser un efecto adverso del tratamiento, se interpreta como una enfermedad distinta y se prescribe otro fármaco. Así comienza una cadena de prescripciones.
Un nuevo estudio publicado en la revista British Medical Journal (BMJ) pone el foco en este problema tras analizar los registros de casi 2,3 millones de personas de 66 años o más de la provincia de Ontario (Canadá). Los autores, liderados por Paula Rochon, de Sinai Health, en Toronto, centraron su análisis en 24 cascadas potencialmente inapropiadas.
Si bien, al tratarse de una investigación observacional, el trabajo no demuestra que el segundo fármaco se recetara para tratar un efecto adverso del primero, los investigadores detectaron que las secuencias más frecuentes fueron hierro seguido de laxante (11,9%), estatina seguido de analgésico (10,9%), e inhibidor de la colinesterasa seguido de un medicamento para dormir (10,3%).
España, sin cifras propias
Aunque España no cuenta con un estudio que permita conocer el alcance de las cascadas de prescripción inapropiadas, sí están presentes muchos de los factores que las favorecen: un porcentaje importante de personas mayores, con comorbilidades y polimedicación. A las características poblacionales se suma la fragmentación asistencial, que trae aparejada la dificultad de los sanitarios para reconstruir la historia completa que lleva a cada prescripción.
"En atención primaria vemos habitualmente estas cascadas, aunque esta forma de identificar el problema no está muy establecida", explica Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). El perfil más vulnerable a este fenómeno es habitual en la consulta: personas mayores con varias enfermedades y cinco o seis medicamentos.
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