Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo) están a 260 kilómetros de distancia, pero comparten mucho: ambos municipios tiene dos boticas cada uno y unos farmacéuticos comunitarios que no se arredran ante las catástrofes, a las que acuden desde el minuto uno. Enrique Amador Galán Zarco, técnico de Farmacia y estudiante de Farmacia por la UNED, estaba de guardia, con su padre farmacéutico, en el municipio cordobés la noche del 18 de enero de 2026: "De motu proprio, estuvimos llevando material de cura al centro de recepción de heridos", nos dijo entonces su padre, Enrique Amador Galán Ayllón. Ahora están reviviendo esos momentos: "Para mí el miércoles fue un día complicado, sobre todo por la tarde, viendo las noticias. Te acuerdas de todo", comenta a este medio Galán Zarco.
Su progenitor, farmacéutico jubilado activo, sigue al pie del cañón y él espera acabar el grado en un año y medio o dos años para ser cotitular. La historia se repite. Antonio García, el farmacéutico jubilado de Urda, y su hija Claudia, estudiante de Farmacia, también han trabajado mano a mano sin poder contener las lágrimas.
Hace nueves meses Amador padre explicó a este periódico cómo llevaron gasas, compresas, tensiómetros, jeringuillas, antisépticos, antiinflamatorios, suero... "Mi hijo ha dormido dos horas y yo estuve anoche hasta las 2 de la madrugada en el centro de recepción de heridos", concretaba entonces.
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