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jueves, 9 de julio de 2026

Donde cada minuto cuenta: tres maneras de vivir la UCI por dentro

Medicina Intensiva
Rosalía Sierra
Así es trabajar en...

Hay unidades de cuidados intensivos (UCI) que se parecen a una pequeña ciudad. Otras caben en un puñado de boxes donde todos se conocen por el nombre. Y algunas todavía huelen a recién estrenadas. Cambian el tamaño, los pasillos, la luz, el número de camas y la forma de organizar los equipos, pero todas conducen al mismo lugar: el punto exacto en el que la medicina intenta ganar tiempo cuando el paciente ya no puede perderlo.

En el Hospital Vall d'Hebron, de Barcelona, la Medicina Intensiva se organiza a escala de gran hospital, con unidades distribuidas en dos edificios, camas especializadas, semicríticos, ECMO, trauma y grandes quemados. En el Hospital Reina Sofía de Tudela, la UCI funciona con un equipo compacto, una relación estrecha con otros servicios y una cercanía que permite conocer a las familias de todos los pacientes. En el Hospital Universitario de Melilla, la unidad recién estrenada muestra cómo el espacio físico también puede cuidar: luz natural, boxes amplios y lugares pensados para informar y acompañar.

Las tres atienden al paciente crítico. Pero no se trabaja igual en una UCI que funciona como una ciudad, en una unidad pequeña que sostiene la complejidad desde la proximidad o en un servicio nuevo que nace ya adaptado a las exigencias actuales de humanización.

Cuando la UCI funciona como una ciudad

En el Vall d'Hebron, el Servicio de Medicina Intensiva se reparte en dos edificios. En el Hospital General dispone de una UCI con hasta 56 boxes y una unidad de semicríticos con 24; en el edificio de Traumatología suma otra UCI de 10 camas, siete de semicríticos y una unidad de grandes quemados compartida con Cirugía Plástica.

No todo está siempre abierto, pero la dimensión sirve para entender la escala. "Son más de 100 camas", resume Ricard Ferrer, jefe de la UCI del Vall d'Hebron. En una estructura así, la clave está en combinar especialización y flexibilidad. Hay camas dedicadas a cirugía cardiaca, trasplante pulmonar, ECMO, trauma o grandes quemados, pero el sistema no puede ser rígido. Si todo estuviera compartimentado, cualquier paciente que no encajara en una casilla concreta podría quedar fuera del circuito.

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Esa dimensión cambia incluso el papel del jefe de servicio. En una UCI pequeña, la gestión y la asistencia suelen pisar el mismo terreno. En Vall d'He
Una UCI gigante, otra que cabe en una planta y una recién estrenada. Cambia el tamaño, pero no el reto: cuidar al paciente más frágil. Off Rosalía Sierra Off

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