Un peregrino con un infarto en Santiago de Compostela. Un senderista lesionado en las montañas asturianas. Aunque la esencia del trabajo es la misma, el día a día de un urgenciólogo cambia según el territorio al que atiende. El volumen y la complejidad marcan el ritmo en un gran hospital; la polivalencia y la cercanía, en uno comarcal.
Las Urgencias nunca son iguales. Ni siquiera entre hospitales separados por apenas unos cientos de kilómetros. Lo saben bien los profesionales del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago y del Hospital Vital Álvarez Buylla de Mieres, dos servicios muy distintos en tamaño, estructura y población de referencia, pero unidos por una misma realidad: cada vez reciben más pacientes y cada vez dependen más de lo que ocurre fuera de sus paredes.
Porque si algo tienen en común los servicios de Urgencias es que terminan pareciéndose al territorio que atienden.
En Santiago, ese territorio está marcado por el Camino, los turistas y los festivales de verano. En Mieres, por la montaña, el envejecimiento de la población y el auge de las actividades al aire libre.
Lo que entra por la puerta
En el hospital compostelano, el verano ha dejado de ser una época tranquila. "Hace cuatro o cinco años el verano era una época en la que se trabajaba menos. Ahora tenemos prácticamente el mismo número de urgencias que en invierno", explica Plácido Mayán, coordinador del Servicio de Urgencias.
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