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jueves, 16 de julio de 2026

La endometriosis, atrapada en el sistema: diagnósticos tardíos y dolor normalizado

Ginecología y Obstetricia
saradomingo
Testimonios

"¿Estás abortando?" Esa fue la primera pregunta que María Medina escuchó al llegar a urgencias con una hemorragia interna en 2022. Cada minuto contaba. Entró al quirófano sin un diagnóstico claro. Horas antes, se resistía a buscar ayuda: había aprendido a normalizar el dolor menstrual: "Creía que, una vez más, me dirían: 'Tómate una pastilla y vuelve a casa'". Pero su mejor amiga insistió. Aquella decisión probablemente le salvó la vida. "Estuve a punto de morirme", confiesa por videollamada desde su casa en Granada. "Tenía un quiste en el ovario izquierdo que nadie había detectado y reventó".

Hace cuatro años, Lorena Romín terminó en urgencias cuatro veces en una sola semana. La respuesta que recibió fue contundente: "Me dijeron que no volviera, que no tenía nada". Días después, regresó al hospital para someterse a una compleja intervención. Al llegar, el médico le lanzó una pregunta sin rodeos: "¿Quieres tener hijos?". Más tarde, le extirparon ambas trompas de Falopio en una operación donde participaron cuatro especialistas: un ginecólogo, un cirujano general, un urólogo y un digestivo. Al terminar el procedimiento —que también obligó a retirar tejido afectado del intestino y del útero—, uno de ellos admitió que en 20 años de carrera "nunca había visto un caso igual".

María es venezolana; Lorena, valenciana. No se conocen y, sin embargo, al despertar de la anestesia, las dos se enfrentaron al mismo diagnóstico: endometriosis. "Sentí alivio y, a la vez, una profunda confusión; la doctora no respondió a mis preguntas", recuerda María. "Yo no sabía si reír o llorar; sentir que no estaba loca fue, simplemente, un alivio", agrega Lorena.

Una de cada diez mujeres en edad fértil vive con endometriosis. Una enfermedad crónica que afecta a 190 millones de personas en todo el mundo y alrededor de un millón en España. Se produce cuando un tejido similar al endometrio —la capa que recubre el interior del útero— crece fuera de esta cavidad, principalmente en los ovarios y las trompas. Aunque su alcance no se limita al aparato reproductor: se han documentado lesiones en 37 partes distintas del cuerpo, como el intestino, la vejiga, el recto, los pulmones e incluso el cerebro.

"Yo jamás he tenido una regla normal"

María tenía 11 años cuando comenzó a menstruar. Aquella primera regla estuvo acompañada de un dolor tan intenso que pasó 15 días hospitalizada por una supuesta afección bacteriana. "De adolescente, siempre le repetía a mi madre: 'Siento que me voy a desmayar'. No recuerdo un solo momento sin dolor durante esa etapa".

"Yo jamás he tenido una regla normal". Con esa certeza, Lorena acudió al ginecólogo por primera vez a los 16 años. Quería regular su ciclo menstrual y tratar un brote de acné, pero también encontrar una explicación a los cambios de humor y al cansancio constante que arrastraba sin motivo aparente.

El dolor no da tregua: aparece antes, durante y después de la menstruación. No es casualidad que la endometriosis se compare con el cáncer, no solo por su capacidad de invadir órganos vitales a través de adherencias sino porque amenaza la calidad de vida.

"Es un dolor pélvico tan desesperante que puede asemejarse al dolor oncológico", advierte el doctor Jackie Calleja, ginecólogo y director de la clínica BNUM en Madrid. Además, la patología se manifiesta a través de un abanico de síntomas que van desde el sangrado en la orina y el estreñimiento hasta alteraciones del tránsito intestinal, fatiga, malestar al defecar y durante las relaciones sexuales. En palabras del especialista, "es una enfermedad muy destructiva a nivel anatómico".

"La investigación ha sido totalmente misógina"

La afección fue descrita por primera vez en 1860. Más de un siglo después, la falta de consenso en la comunidad médica persiste. La causa exacta de la endometriosis aún es objeto de debate científico. Un vacío que refleja décadas de abandono institucional, violencia obstétrica y un sistema sanitario que, históricamente, ha tomado el cuerpo masculino como referencia. Laia Abril, fotógrafa y autora de la exposición Endometriosis. El dolor silenciado (PhotoEspaña), afirma: "La investigación ha sido totalmente misógina. No hay una cura; los tratamientos han evolucionado —sobre todo en los últimos años—, pero siguen siendo paliativos y, en ocasiones, muy agresivos". La propia artista convivió 20 años con el padecimiento antes de conocer su nombre.

La hipótesis de la menstruación retrógrada —formulada por el doctor John Sampson en 1920 — se mantiene como uno de los principales modelos para entender esta condición. La teoría establece que, durante el periodo, parte de la sangre menstrual y del tejido endometrial no sale del cuerpo a través de la vagina, sino que fluye hacia atrás por las trompas de Falopio. Al caer en la cavidad pélvica, los fragmentos pueden implantarse y multiplicarse en los órganos de la zona.

Asimismo, la afección podría estar asociada a un fallo del sistema inmunitario, lo que comprometería la capacidad del organismo para reconocer y eliminar las células endometriales situadas fuera del útero. Otra propuesta sugiere que estos fragmentos viajan a través de los vasos sanguíneos o linfáticos hasta otros órganos, o que se implantan en el tejido cicatricial de cirugías abdominales, como una cesárea.

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