La estrongiloidiasis es una enfermedad causada por Strongyloides stercoralis, un parásito intestinal que suele asociarse a regiones tropicales y subtropicales, pero que también puede impactar de diversas formas en nuestro entorno. El Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, del Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha liderado y coordinado un estudio que analiza la situación actual de la estrongiloidiasis en la provincia de Valencia y sus resultados, publicados en la revista Tropical Medicine and Infectious Disease, evidencian que continúa presente en nuestro entorno, incluso fuera de las áreas rurales tradicionalmente asociadas a su transmisión, además de observarse un incremento progresivo del número de diagnósticos por el aumento de los casos importados desde otros países.
No obstante, matiza Carlos Bea Serrano, director del estudio, autor de correspondencia del artículo e investigador de INCLIVA, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico Universitario de València y del Departamento de Farmacología de la UV, "con los datos publicados hasta la fecha, no podemos saber si otras zonas de España estarían afectadas del mismo modo, aunque la sospecha de que lo estén es baja", recordando que esta parasitosis "está muy ligada tradicionalmente al cultivo del arroz en Valencia" -en una revisión realizada hace ya algunos años sobre la literatura publicada, más del 95% de los aproximadamente 1000 casos reportados en España antes del 2018 procedían de la provincia de Valencia-. Recientemente solo se ha publicado un estudio de seroprevalencia realizado en Canarias donde también se detectó una presencia significativa de esta parasitosis, "aunque probablemente Canarias no es muy representativa de lo que ocurra en la península", y una serie de casos en Asturias donde se describieron una treintena de casos en la última década.
El punto de partida: conocimiento
La estrongiloidiasis es una infección parasitaria probablemente infradiagnosticada, estimándose una prevalencia global de alrededor de 600 millones de casos en una de las últimas estimaciones publicadas, principalmente concentrados en regiones tropicales y subtropicales. Puede permanecer durante años sin producir síntomas o manifestarse únicamente con signos inespecíficos, como picor generalizado, lesiones cutáneas, diarrea o dolor abdominal. Sin embargo, su principal riesgo aparece en personas con el sistema inmunitario debilitado por enfermedades o tratamientos que reducen las defensas. En estos pacientes, el parásito puede multiplicarse de forma descontrolada y provocar cuadros graves que afectan a órganos como el intestino, los pulmones, la piel o incluso el sistema nervioso central.
No existen datos sólidos de prevalencia o incidencia a nivel nacional en España y los estudios disponibles muestran que los casos autóctonos se han concentrado históricamente en focos muy concretos, especialmente en la provincia de Valencia y, dentro de ella, en la comarca de La Safor. En esa zona se habían descrito a principios de la década de los 2000, prevalencias cercanas al 0,9% en población hospitalaria y superiores al 12% en agricultores expuestos, aunque estas cifras no son extrapolables al conjunto de España.
En nuestro país coexisten dos perfiles de infección cuya relevancia cambia según el perfil demográfico de cada área. Los casos importados son muy frecuentes en comunidades autónomas con altas tasas de población migrante de zonas de alta endemia, como Cataluña o Madrid, y empiezan a serlo cada vez más en otras comunidades autónomas según van recibiendo más población de área endémica.
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