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viernes, 10 de julio de 2026

XX Jornada MEDES «Salud de la comunicación en salud» (I). Cambios en la publicación científica

Fernando Navarro
Fernando Navarro
| Firma invitada: José Ramón Zárate

El Eurofórum de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) volvió a acoger el lunes pasado la jornada anual de Medes (Medicina en Español), organizada por la Fundación Lilly y enmarcada en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense. Fue la edición vigésima, que coincide con los veinticinco años de la Fundación Lilly. 

De aquella primera jornada de 2005 dedicada a «La publicación médica en España» se ha llegado a la de este año, centrada en los cambios en la publicación científica, en los retos de la inteligencia artificial (IA) y en la comunicación médico-paciente. Entre ambas, se ha hablado de nuevas tecnologías, divulgación del conocimiento científico, la ética y la calidad de las publicaciones biomédicas, tensiones y estrategias de la comunicación científica y de muchos otros temas sobre la situación de las publicaciones biomédicas en español y su impacto en la comunidad científica, su contribución a la formación médica, su aceptación y uso, y sus dificultades de difusión y acceso.

Ante más de un centenar de asistentes —profesionales de la salud, traductores, documentalistas, bibliotecarios, etc.—, Natalia Abuín, directora de los Cursos de Verano UCM, y José Antonio Sacristán, director de la Fundación Lilly, abrieron las sesiones. Junto con Elea Giménez Toledo, científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y coordinadora del proyecto TeresIA, José Antonio Sacristán ha codirigido, con el apoyo logístico de Cristina Rico, gerente de la Fundación Lilly, una jornada en la que la IA tuvo un papel central.

Según Elea Giménez, que presentó el programa, el número de artículos científicos que se publican ahora con ayuda de la IA ya casi iguala al de los escritos por humanos. Alertó de un conocimiento sin controles, de las referencias bibliográficas falsas y del riesgo de que los médicos pierdan práctica si confían buena parte de sus decisiones y análisis a los sistemas inteligentes. Sin descartarla, ni mucho menos, abogó por la transparencia —«hay que declarar cuándo la usamos»— y por que en su diseño primen «los valores que deseamos proteger», ya sean laborales, sociales o éticos, estando atentos a los sesgos y desinformaciones que pueda contener. «Tenemos que encontrar un equilibrio constructivo entre la ciencia, la IA, la comunicación y las necesidades de los pacientes».

En la primera sesión, dedicada a los «Cambios en la publicación científica», la moderadora Gema Revuelta, directora del Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, planteó a los ponentes el dilema entre tecnofílicos y tecnofóbicos. ¿Qué posibilidades trae consigo la IA en la publicación científica? ¿Qué riesgos existen para la calidad de las publicaciones? ¿Qué medidas se están tomando para controlar esos riesgos?

De izquierda a derecha: Federico Mayor, Vicente Martín Sánchez, Carlos Lopezosa y Gema Revuelta.
De izquierda a derecha: Federico Mayor, Vicente Martín Sánchez, Carlos Lopezosa y Gema Revuelta.

Carlos Lopezosa, profesor del Departamento de Biblioteconomía, Documentación y Comunicación Audiovisual de la Universidad de Barcelona, recordó que los inicios de la IA se remontan a la década de 1950 y mencionó al ajedrecista Deep Blue de IBM, a la aspiradora Roomba, al buscador de Google y a los asistentes de traducción que cuentan con una larga tradición. «Sin duda, la IA nos ayuda a acelerar el conocimiento; es como un colega, un buen socio epistémico, con el que podemos conversar y debatir sobre nuestras investigaciones. Nos ayuda a afrontar la página en blanco. Pero tendremos que establecer protocolos que eviten los sesgos idiomáticos, de género o alucinatorios».

Federico Mayor, catedrático de bioquímica y biología molecular y director del Instituto de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid, coincidió en que, para los investigadores, la IA ayuda a generar hipótesis, orienta, recopila y ordena. Sin embargo, «debido a su entrenamiento anglosajón corre el riesgo de la homogeneidad, de cierto conservadurismo, pues se va retroalimentando con los datos que genera. Y así, elabora gráficas complejas y estudios muy bonitos, pero sin gran interés, convencionales. Conocimiento incremental, pero poco novedoso. Y parte de la actividad científica precisamente es ser disruptiva, ir en contra de las arritmias establecidas; de ahí surgen los avances más potentes».

Finalmente, Vicente Martín Sánchez, director de la revista Medicina de Familia Semergen e investigador en el Instituto de Biomedicina de la Universidad de León, subrayó las capacidades de la IA para análisis estadísticos y como herramienta valiosa para el aprendizaje y la formación. «Aquellos listados epidemiológicos que hacíamos con papel, boli y calculadora, ahora se resuelven en muy poco tiempo. Y si hace unas décadas teníamos estudios con 300 pacientes, ahora podemos disponer de resultados con 300.000».

El debate se encaminó después a las posibilidades de la IA a la hora de hacer las revisiones de textos científicos, en unos tiempos de avalancha de publicaciones y estudios y de escasez de revisores expertos. Los ponentes insistieron en que la IA puede ayudar a seleccionar, a filtrar y a evaluar, a eliminar tareas tediosas, pero no habría que dejarle que establezca el veredicto final. Y comentaron los problemas de privacidad, derechos de autor y conflictos de intereses que pueden derivarse de alimentar a la IA con estudios financiados por instituciones públicas o por los propios autores. «Y es esencial la transparencia», añadió Carlos Lópezosa. «Que no se rompa la cadena de atribución, que sepamos las fuentes que usa la IA, sus protocolos internos, de entrenamiento y sostenibilidad, para no erosionar así la confianza del público en la ciencia».

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José Ramón Zárate es periodista biosanitario, creador del Laboratorio del lenguaje y subdirector de Diario Médico en la etapa 1994-2021. 

Continúa en: «XX Jornada MEDES “Salud de la comunicación en salud” (II). La IA y la ciencia: retos, buenas prácticas y soluciones»

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