El progresivo envejecimiento de la población está aumentando exponencialmente el número personas con diferentes tipos de demencia o deterioros cognitivos y, sobre todo, el de quienes padecen enfermedad de Alzheimer. Según Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro y directora del laboratorio Neurobiología Celular y de Sistemas del Centro de Regulación Genómica (CRG), no se trata de un problema meramente médico, sino que tiene amplias "connotaciones éticas y jurídicas". Y esas connotaciones se están magnificando de forma notable a medida que la neurociencia aumenta su conocimiento sobre la enfermedad y se aleja de una cierta forma "monolítica" de verla y analizarla.
Para Dierssen, que ha impartido la conferencia inaugural del IX Congreso de la Asociación de Derecho Sanitario de la Comunidad Valenciana (ADSCV), iniciado hoy en Valencia, "preguntas como en qué momento una persona con deterioro cognitivo puede empezar a tener problemas para tomar decisiones y consentir en un tratamiento, gestionar su patrimonio o modificar su testamento o no, se deben sumar a cómo podemos otorgarle la máxima autonomía y protegerla cuando la enfermedad la está haciendo vulnerable...".
¿Y qué aporta la neurociencia a este enfoque? Pues unos conocimientos que, lejos de simplificar la situación, están "modificando nuestra visión" de la enfermedad. Según Dierssen, "antes no había biomarcadores que permitieran determinar cómo o cuándo iba a suceder la enfermedad y ahora sabemos algo que antes intuíamos: la enfermedad se inicia mucho antes de los síntomas". Cambios como las placas de amiloide, los ovillos neurofibrilares, la neuroinflamación..."pueden comenzar décadas antes de que empiece a existir una demencia clínica...". En la práctica, ello coloca la enfermedad en una situación aún más complicada: "El derecho a saber o no, cómo va a afectar esa realidad, quién debe conocerlo..., teniendo en cuenta que puede ser una marca estimagtizante", enfatiza la experta.
Dos razones
Dierssen expone a DM que su papel no es aportar respuestas o soluciones a esos debates ético-jurídicos, sino proveer del mayor conocimiento posible. "Desde la neurobiología, hay dos cosas que podemos hacer: una es detectarlo precozmente aunque no se está haciendo en el sistema sanitario, en buena medida porque el sistema sanitario todavía está organizado alrededor de los síntomas y no alrededor de la biología precoz del Alzheimer", reconoce. En este sentido, añade, como presidenta del Consejo Español del Cerebro "estamos impulsando un proyecto en colaboración con el Ministerio de Sanidad para ver cómo se podrían instaurar y aplicar biomarcadores de alzhéimer en la sanidad pública".
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