«Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí» (Augusto Monterroso).
Si no recuerdo mal, mis primeras columnas hace unos años ya en este medio fueron dedicadas a una de las pseudoterapias más letales existentes y sus derivadas, la Nueva Medicina Germánica, la Biodescodificación y la Bioneuroemoción. Como recordatorio breve, achacan primordialmente el cáncer (y, en sus evoluciones, toda enfermedad e incluso todo lo malo que te ocurre en la vida) a conflictos emocionales no resueltos, prometiendo curación segura en tanto se revirtiera ese conflicto psicológico.
Personalmente llevo alertando de estos grupos más de una década ya. Por alertar me refiero desde a emitir quejas deontológicas en el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña a hacer llamadas telefónicas a lugares donde se estaban programando (bajo tutela pública o privada pero de gran calado social) actividades relacionadas con ellas, o poner una denuncia en Fiscalía. Me refiero a haberme dejado literalmente meses de vida y más de diez mil euros en documentar el fenómeno y defenderme de los ataques judiciales de aquellos que se han hecho millonarios con estos fraudes (y más que me voy a tener que dejar, visto lo visto) y que niegan que haya problema alguno… y han convencido a algún juez de ello.
Justamente por acercar esta problemática a la OMC surgió su Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias, en un intento de tener a dónde derivar al goteo de víctimas mortales que nos llegaban, y nos siguen llegando, a causa de estos grupos. Recientemente ha saltado a la palestra el grupo de víctimas de Margarita Galaz, una de las promotoras cercanas al creador de la NMG, el exdoctor Hamer. Este, felizmente fallecido de cáncer hace unos años, en la tranquilidad de su retiro en Noruega, no llegó a pagar por las más de tres mil muertes constatadas de su monstruosidad, aunque más bien lo que necesitaba era ayuda para sus delirios esquizoides y que las autoridades sanitarias hubieran puesto algún tipo de traba a la difusión y práctica de la misma.
Mientras escribo esto están ardiendo Gredos y mi Sierra de Espadán, con mi propio pueblo desalojado. No puedo dejar de ver un paralelismo entre esos incendios desbocados, quizá intencionados o quizá no, pero que han encontrado en un contexto de dejadez y falta de preparación una yesca perfecta sobre la que difundirse, atizada por un clima cada vez más hostil y unos inconvenientes vientos, que hacen ver aciago el momento en que se consigan controlar y doloroso el incalculable daño que habrá ocasionado y que llevará décadas revertir.
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