Este año se ha graduado en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) la primera promoción de Farmacia que no ha pisado la Facultad en toda la carrera. Así se lo dijo José Manuel Miñones, ministro de Sanidad, gallego y farmacéutico, el pasado 27 de junio a Ana María Mitroi, presidenta de la Federación de Estudiantes de Farmacia (FEEF). El encuentro era principalmente para abordar la celebración del próximo Congreso Europeo de Estudiantes de Farmacia, que será en Alcalá de Henares (Madrid) entre los próximos 7 y 12 de noviembre. Sin embargo, Miñones, como profesor de Farmacia de la USC en el Departamento de Química Física, puso encima de la mesa una situación de la que ha sido testigo directo y que tanto docentes como alumnado viven desde 2016.
"En 2016 se cerró el pabellón de aulas", uno de los cuatro con que cuenta la Facultad. "Primero, por un riesgo estructural a consecuencia de unas obras mal planificadas, por las que se añadió un piso más al aulario. Y después, se supone que se hizo un estudio para reparar esa zona del edificio y descubrieron que existía una contaminación por hidrocarburos, debido a una fuga de la caldera de gasoil del edificio, que daba servicio a la calefacción", explica León Felipe Ureña Sánchez, presidente de la Red Gallega de Estudiantes y Personal Investigador Predoctoral en Farmacia (Regeifar) y vicepresidente de Educación de FEEF.
"Lo que está actualmente cerrado e inutilizado es el pabellón de aulas. Los otros tres pabellones, donde está el decanato, los despachos de los profesores y los laboratorios de investigación, se utilizan, a excepción de algunas zonas de ese edificio -por ejemplo, el departamento de Farmacología-, porque los niveles de contaminación hacen que sea incompatible con que trabajen personas allí", comenta.
¿Cómo afecta esta situación a los alumnos y profesores? "El principal problema para los estudiantes es que en los otros tres pabellones que quedan no hay aulas o espacios suficientes para albergar toda la docencia de grado. Entonces, actualmente, parte de los cursos estamos desplazados entre las facultades de Derecho y de Relaciones Laborales y Ciencias Políticas", indica.
Ureña, alumno de cuarto curso, comenta que la mayoría de estudiantes de Farmacia compatibiliza asignaturas de diferentes cursos; a esto hay que añadir las prácticas que deben hacer, lo que convierte estudiar el grado en una auténtica yincana: "A muchos nos ha tocado andar corriendo de un edificio a otro para poder hacer las prácticas", subraya.
"Parte de los cursos estamos desplazados entre las facultades de Derecho y de Relaciones Laborales y Ciencias Políticas" (León Felipe Ureña)
Otros han tenido más suerte: "Con mucho esfuerzo y habilitando espacios, a lo largo de los años, el curso pasado se consiguió que los de 1º pudieran volver a la Facultad de Farmacia. Se habilitaron algunas aulas antiguas, que no se usaban, con mobiliario nuevo, y que no estaban afectadas por los niveles de contaminación. Pero no el resto de cursos (2º, 3º, 4º y 5º)", destaca.
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