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domingo, 16 de octubre de 2022

Páncreas artificial: el sistema que cambia la vida en la diabetes y solo acaba de empezar

Endocrinología
soniamoreno
Lun, 17/10/2022 - 08:00
Tipo 1
Un taller sobre páncreas artificial con pacientes impartido en el hospital Universitario Parc Taulí, en Sabadell. Foto; SONIA TRONCOSO
Un taller sobre páncreas artificial con pacientes impartido en el hospital Universitario Parc Taulí, en Sabadell. Foto; SONIA TRONCOSO

Hace un siglo, Leonard Thompson se convirtió en la primera persona diabética que recibió una inyección de insulina. Desde entonces no se ha dejado de avanzar en el desarrollo de insulinas, glucómetros y bolígrafos, que han mejorado sustancialmente el manejo de la diabetes tipo 1 (DM1), pero el gran salto cualitativo lo ha supuesto la llegada del llamado páncreas artificial o un sistema que regula los niveles de glucosa en sangre con la mínima intervención del paciente.

Para Mercedes Rigla, directora del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Parc Taulí, en Sabadell (Barcelona), “es el tratamiento de elección en DM1, y por eso lo intentamos aplicar a todas las personas en que es posible”. La endocrinóloga habla desde la experiencia de sus cerca de 200 pacientes tratados con páncreas artificial (utilizan indistintamente los sistemas disponibles comercialmente en España).

“Ya es una realidad en la clínica, no es algo anecdótico. De nuestra población de pacientes, un 20% está usándolo, y eso que lo empezamos a emplear de forma rutinaria hace un año y medio. Nuestro hospital apuesta por esto y nos permite dedicarnos a tratar a todos los pacientes que seamos capaces y que estén dispuestos”.

Ana Romero (fR4 Endocrinología); Cristina Yuste (gestora de casos), Mercedes Rigla (directora del Servicio de Endocrinología) y David Subías (endocrinólogo especialista en tecnología), en el Hospital Parc Taulí. Foto: SONIA TRONCOSO.
Ana Romero (fR4 Endocrinología); Cristina Yuste (gestora de casos), Mercedes Rigla (directora del Servicio de Endocrinología) y David Subías (endocrinólogo especialista en tecnología), en el Hospital Parc Taulí. Foto: SONIA TRONCOSO.

La especialista considera que el uso de estos sistemas está mucho menos extendido de lo que debería, pero confía en que sus ventajas lo convertirán en el tratamiento habitual, “porque no hay color con lo que había. La vida de estas personas en la mayoría de los casos ha cambiado claramente. Es lo más satisfactorio que hemos hecho en DM1. Los resultados que obtenemos, lo que nos cuentan los pacientes del bienestar que ganan, solo eso, ya compensa el esfuerzo. Es muy gratificante”, comenta Mercedes Rigla, a la salida de uno de los talleres con pacientes que realizan en el hospital.

Beneficios claros

Desde que la agencia reguladora estadounidense FDA aprobara en 2016 el primer páncreas artificial (de Medtronic) se han comercializado diversos modelos, y hay una veintena de sistemas desarrollados, sobre todo fruto de la transferencia de tecnología con grupos académicos.

Los estudios realizados avalan entre sus principales beneficios que reducen o evitan la necesidad de controlar los niveles de glucosa, y los mantienen más afinados, en especial, durante la noche, con la consiguiente disminución e incluso desaparición de hipoglucemias.

Además, uno de los parámetros que se evalúan en el control diabético es el tiempo en rango o las horas diarias que la glucosa en sangre se mantiene entre 70 a 180 mg por decilitro. “Se ha demostrado que este valor objetivo se correlaciona inversamente con el valor de la hemoglobina glicosilada y con las complicaciones microvasculares”. Los sistemas de páncreas artificiales actuales superan el valor óptimo de tiempo en rango,” fijado en al menos un 70%”, apunta Rigla.

Anunciar las comidas

Tres elementos definen un páncreas artificial: el monitor de glucosa continuo; la bomba de insulina y el algoritmo de control, el cerebro del sistema. Los disponibles hoy son híbridos o semiautomatizados pues, como explica Jorge Bondía, catedrático del Instituto Universitario de Automática e Informática Industrial de la Universidad Politécnica de Valencia, y miembro del grupo de Tecnologías Aplicadas a la Diabetes de la Sociedad Española de Diabetes (SED), “está automatizada la línea basal de infusión, pero el paciente tiene que introducir cuándo va a comer y el número de gramos de hidratos de carbono de la comida, a lo que el sistema reacciona aportando un bolo de insulina”. Es lo que en el argot se llama “anunciar la comida”.

En definitiva, el paciente tiene que contar calorías, algo que en ocasiones puede llevar a error, de ahí que se investigue para perfeccionar una nueva generación de dispositivos.

Recientemente se ha publicado un estudio en The New England Journal of Medicine con resultados del páncreas artificial desarrollado en la Universidad de Boston. Los puntos fuertes de este sistema, denominado iLet, destacados por sus investigadores son que solo requiere introducir el peso corporal del paciente (sin necesidad de incluir el régimen terapéutico que sigue) y que simplifica el sistema de anunciar las comidas (en lugar del número de hidratos de carbono que se van a ingerir, permite introducir “voy a comer más de lo habitual” o “desayuno lo habitual” o “voy a cenar menos de lo habitual”, por ejemplo).

Sistema bihormonal

El estudio está encabezado por Steven J. Russell, profesor en la Universidad de Harvard, y endocrinólogo en el Hospital General de Massachusetts , en Boston, y por Edward Damiano, profesor de ingeniería biomédica en la Universidad de Boston. El ingeniero es padre de un joven con diabetes tipo 1, un acicate adicional en sus casi veinte años de investigación para diseñar un páncreas biónico. El dispositivo nace con la capacidad de administrar glucagón junto a la insulina, aunque en este estudio aún no se ha utilizado en su modalidad bihormonal.

Sería, para los expertos, la verdadera ventaja aportada por el iLet, puesto que los datos publicados ahora no muestran un avance significativo, y de hecho son un tanto “decepcionantes”, opina Mercedes Rigla, si bien destaca su valor como ensayo multicéntrico, con más de 300 pacientes seguidos durante 13 semanas.

En cuanto a los datos clínicos, considera que no aportan mejorías en la reducción de la hemoglobina glicosilada ni en el aumento del tiempo en rango de los obtenidos por otros sistemas disponibles, e incluso parecen algo inferiores a los de otros estudios recientes e incluso a los que se pueden observar en vida real.

La endocrinóloga comenta que en el caso concreto de las hipoglucemias le llama la atención que en el estudio refieran diez graves, “cuando con los sistemas comerciales prácticamente desaparecen”. De hecho, los resultados son inferiores sin ir más lejos a los aportados por el sistema desarrollado por comunidades de pacientes Open-Source, cuyo ensayo se publicó también el pasado septiembre en The New England.

Otra cosa será el conocer cómo va el dispositivo de la Universidad de Boston en su modalidad bihormonal, “que es lo que todos estamos esperando conocer; seguro que ahí los resultados serán mucho mejores”, confía Rigla.

En cambio, sobre la ventaja del iLet que puede suponer no tener que configurarlo con la terapia que sigue el paciente, Rigla considera que aportar esa información no supone un esfuerzo adicional. En ello coincide Elena Hernando, catedrática del Grupo de Bioingenieria y Telemedicina de la ETSI de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid. La también miembro del Ciber de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina  (Ciber BBN) reflexiona que no poder introducir la terapia de insulina que lleva el paciente al configurar el sistema “no es en mi opinión una ventaja, puesto que se trata de una información que no cuesta nada aportar y con la que aseguras la precisión”.

El grupo de Hernando colabora con el de Mercedes Rigla en la optimización del páncreas artificial, Están llevando a cabo un proyecto que busca introducir la variable de la actividad física en el cálculo de la insulina que hay que administrar. “La actividad física es uno de los elementos que condiciona la sensibilidad a la insulina; la cantidad de hormona necesaria es diferente si vas a comer después de haber hecho ejercicio o si eres alguien sedentario. No obstante, resulta muy difícil de medir. Nosotros lo vamos a intentar mediante unas bandas de actividad física -sin que sea necesario que el paciente deba decir la intensidad y duración del ejercicio- de forma que se pueda introducir esa información a la hora de calcular el bolo de insulina de la ingesta”.

Además de introducir la variable del ejercicio, otra mejora que explora el grupo de Rigla junto a investigadores de la Universidad de Barcelona es poder hacer un conteo de las comidas a través de la imagen, de forma que la foto del plato baste para informar al algoritmo sobre la necesidad de cantidad y duración de insulina.

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Lo que persiguen estos y otros grupos de investigadores en todo el mundo es perfeccionar el páncreas artificial por la única vía que de momento es fac
Estos dispositivos son ya una realidad en la clínica, aunque es de esperar que tanto su uso como su potencial optimización vayan en aumento. Off Sonia Moreno. Madrid Investigación Off

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